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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.156

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-¿Y vuestro poder? -preguntó Ymryl, vacilante-. Aún lo conserváis, ¿no?

-Sí, casi todo. Oh, sí, puedo echaros una mano, Ymryl, hasta cuando sea necesario.

-¿Qué queréis decir, mi señor?

Arioco masticó la carne del último hueso y lo arrojó lejos. Se echó a tierra y dirigió la mirada hacia el centro de la ciudad.

Ilian sintió un escalofrío cuando adoptó un rostro gordo, carnoso, mofletudo, de dientes podridos. Los labios se movieron cuando Arioco murmuró para sí.

-Es una cuestión de perspectiva, Corum... Obedeceremos a nuestros caprichos... -Arioco frunció el ceño-. Ah, Elric, el más adorado de mis esclavos... Todo da vueltas... Todo da vueltas... ¿Qué significa? -Y las facciones se convirtieron en las de un apuesto joven-. Los planos se cruzan, la balanza se inclina, las viejas batallas se perdieron en la noche de los tiempos, las buenas costumbres se pierden. ¿Es verdad que los dioses mueren? ¿Pueden morir los dioses?

A pesar de que detestaba al monstruo, Ilian experimentó una extraña punzada de conmiseración por Arioco cuando escuchó sus palabras.

-¿Cómo atacaremos, gran Arioco? -Imryl se acercó a su amo sobrenatural-. ¿Nos guiaréis?

-¿Guiaros? Mi trabajo no es guiar mortales a la batalla. ¡Ay! -Arioco lanzó un aullido agónico-. ¡No puedo quedarme aquí!

-¡Debes hacerlo, Arioco! ¡Recuerda nuestro trato!

-Sí, Ymryl, nuestro trato. Te di el cuerno, hermano del cuerno del Destino. Y hay tan pocos leales a los Señores del Caos, tan pocos mundos en que aún sobrevivamos...

-¿No daréis el poder?

El rostro de Arioco adoptó su primitiva forma demoníaca. Arioco gruñó, toda inteligencia desapareció de sus rasgos. Respiró hondo con gran estruendo, su cuerpo cambió de color, aumentó de tamaño, lanzó llamaradas rojas y amarillas, como si un horno rugiera en su interior.

-Reúne fuerzas -susurró Jhary-a-Conel, acercando los labios a los oídos de Ilian-. Debemos atacar ahora. Ahora, Ilian.

Saltó hacia adelante y su lanza flamígera vomitó un chorro de luz rubí. Se abalanzó sobre las filas del poderoso ejército y cuatro guerreros cayeron antes de que nadie advirtiera la presencia de un enemigo entre ellos. Otros guerreros de Ilian cayeron de los árboles y siguieron el ejemplo de Jhary-a-Conel. Katinka van Bak, Yisselda de Brass, Lyfeth de Ghant, Mysenal de Hinn, todos se precipitaron hacia una muerte cierta. Ilian se preguntó por qué se rezagaba.

Vio que Ymryl lanzaba un grito de advertencia a Arioco, vio que Arioco extendía el brazo y tocaba a Ymryl. El cuerpo de Ymryl se iluminó, como si ardiera en el mismo fuego sepultado en el interior de Arioco.

Ymryl chilló, sacó su espada y se lanzó hacia los guerreros de Ilian.


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