Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.154
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Cuando se incorporó, observó que la luz se había alterado sutilmente a su alrededor. Era como si pasaran nuben frente al sol, pero no había lluvias previstas hasta dentro de dos meses.
Jhary-a-Conel se acercó corriendo.
-¡Le habéis matado! Temo que este acto nos traerá más problemas. -Echó un vistazo a la joya que sostenía-. Guardadla bien. Si salimos de ésta, os enseñaré lo que debéis hacer con ella.
Oyeron un ruido sobre sus cabezas, en el cielo oscurecido, a través de las ramas superiores de los impresionantes árboles de Garathorm. Era como el batir de las alas de una gigantesca ave. Y también percibieron un hedor, comparado con el cual los cadáveres olían a perfume.
-¿Qué es eso, Jhary?
Ilian sintió que el miedo nublaba su mente. Quería huir de la cosa que se acercaba a Virinthorm.
-Kalan os advirtió que tendría consecuencias matarle aquí. Sus experimentos crearon desajustes en el equilibrio de todo el multiverso. Al matarle, habeís permitido que el multiverso empiece a curar sus heridas, aunque eso dará como resultado otros desajustes de, lo que podríamos llamar, menor importancia.
-¿Cuál es la causa de ese ruido, de ese olor?
-Escuchad-dijo Jhary-a-Conel-. ¿No oís otra cosa?
Ilian escuchó con suma atención. A lo lejos oyó el bocinazo de un cuerno de guerra. El cuerno de Ymryl.
-Ha convocado a Arioco, Señor del Caos -explicó Jhary-a-Conel- y la muerte de Kalan ha permitido que Arioco pueda entrar por fin. Ymryl cuenta con un nuevo aliado, Ilian.
3. Equilibrio oscilante
Una alegría salvaje y desesperada embargaba a Jhary mientras montaba en su caballo amarillo y lanzaba repetidas miradas al cielo. Seguía oscuro, pero tanto el ruido como el hedor habían desaparecido.
-Sólo vos, Jhary, sabéis a qué hemos de enfrentarnos ahora -dijo Katinka van Bak.
Se secó el sudor de la cara con la manga, sin soltar la espada.
Yisselda de Brass se acercó al trote. Tenía una herida larga, pero poco profunda, en el brazo. La sangre ya se había secado.
-Ymryl ha detenido el ataque -anunció-. No sé qué tiene en mente... -Calló al ver el cadáver de Kalan, caído sobre las cenizas-. Así que ha muerto. Bien. Abrigaba la superstición de que sólo podía matarle mi marido, Hawkmoon.
Katinka van Bak casi sonrió.
-Sí, lo sé-dijo.
-¿Tenéis idea de lo que planea Ymryl? -preguntó Yisselda a Katinka van Bak.
-A tenor de lo que nos ha contado Jhary, no necesita grandes estrategias -replicó la mujer, preocupada-. ¡Los demonios han venido en su ayuda!
-Elegís una teminología acorde con vuestros prejuicios -dijo Jhary-a-Conel-.
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