Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.153
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-¡No lo hizo! ¡No escapó!
Era la voz de Jhary-a-Conel.
La máscara de serpiente se volvió.
-¿Qué queréis decir?
-¿No comprendisteis la naturaleza del alma que pretendías aprisionar en esa joya?
-¿Naturaleza? ¿A qué...?
-¿Conocéis la leyenda del Campeón Eterno?
-He leído algo sobre ella, sí...
La máscara de serpiente se desvió de Jhary a Ilian, y de Ilian a Jhary otra vez. Ilian seguía avanzando hacia el barón Kalan.
-Entonces, recordad lo que leísteis.
Ilian se plantó ante el barón Kalan de Vitall y con un sólo movimiento de su espada arrancó el yelmo de serpiente. Apareció un rostro pálido, de edad avanzada, rala barba blanca y cabello escaso. Kalan parpadeó y trató de cubrirse la cara, pero dejó caer las manos a los costados; la espada colgaba de la muñequera y su puño aferraba el objeto que había buscado entre las ruinas.
-Aun así, no podéis matarme, Ilian de Garathorm -dijo en voz baja Kalan-. Y aunque pudierais, las consecuencias serían terroríficas. Dejadme en paz, o hacedme prisionero, como prefiráis. He de reflexionar sobre ciertos asuntos...
-Empuñad la espada, barón Kalan, y defendeos.
-Me resisto a mataros -dijo Kalan, con voz más irritada-, porque constituís un intrigante misterio para un hombre de ciencia, pero os mataré, Ilian, si continuáis fastidiándome.
-Y yo os mataré, si puedo.
-Ya os he dicho que sólo un ser del multiverso puede matarme -explicó pacientemente el hechicero-. Y ese ser no sois vos. Además, de que yo siga con vida dependen más cosas de las que creéis...
-¡Denfendeos!
Kalan se encogió de hombros y empuñó su espada.
Ilian lanzó un mandoble, Kalan lo paró como sin darle importancia. La espada, apenas desviada, siguió su trayectoria y penetró en la carne de Kalan, que abrió los ojos de par en par.
-¡Dolor! -siseó, estupefacto-. ¡Es dolor!
Ilian se quedó casi tan sorprendida como Kalan cuando vio que brotaba sangre. Kalan retrocedió tambaleante y contempló su herida.
-No es posible -dijo con firmeza-. No lo es.
Ilian atravesó esta vez el corazón.
-Sólo Hawkmoon puede matarme -musitó Kalan-. Sólo él. Es imposible...
Y se derrumbó sobre las cenizas; una pequeña nube de polvillo negro se levantó a su alrededor. La mirada de asombro quedó impresa en sus muertas facciones.
-Ahora, los dos estamos vengados, baron Kalan -dijo Ilian, con una voz que no reconoció como suya.
Se agachó para ver qué sujetaba el barón en su puño cerrado, aprisionado entre los dedos.
Era algo que brillaba como carbón pulido. Una joya de forma irregular. Ilian comprendió lo que era.
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