Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.152
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Vio que Kalan retrocedía y respondía a su atacante con una profunda herida en el hombro. Kalan estaba ileso. El guerrero gimió. Kalan, impaciente, hundió la espada en el cuello de su enemigo, que se derrumbó sobre las cenizas de la mansión. El otro guerrero vaciló antes de lanzar un mandoble contra el antebrazo del hechicero, que la armadura no protegía. Fue un golpe suficiente para cortar el brazo de cuajo, pero Kalan ni se inmutó. El guerrero dio un paso atrás. Kalan sin hacerle caso, continuó su frenética búsqueda entre las cenizas y los cuerpos carbonizados.
-No puedes matarme -gritó el guerrero-. No me hagas perder el tiempo y yo no te haré perder el tuyo. Estoy buscando algo. ¿Qué imbécil habrá ordenado esta destrucción innecesaria? -Como el guerrero continuara inmóvil, el yelmo de serpiente se alzó y Kalan habló como si estuviera dando explicaciones a un niño estúpido-. No puedes matarme. Sólo hay un hombre que puede matarme en todo el infinito cosmos. Y aquí no está. ¡Lárgate!
Ilian sintió compasión por el guerrero cuando le vio alejarse, dando tumbos.
Entonces, Kalan lanzó una risita.
-¡Ya lo tengo!
Se agachó y cogió algo del suelo.
Ilian bajó de los árboles, saltó a la plaza y se plantó frente a Kalan. Un mar de cadáveres les separaba.
-¿Barón Kalan?
El hechicero levantó la vista.
-Lo tengo... -Hizo ademán de enseñarle el objeto, pero luego vaciló-. ¿Qué? ¡No puede ser! ¿Acaso me han abandonado todos mis poderes?
-¿Pensasteis que me habíais matado?
Ilian avanzó hacia él. Había visto que era invulnerable, pero pensaba que debía enfrentarse con el hechicero, movida por uno de aquellos extraños impulsos que no podía explicar.
-¿Matado? Bobadas. Fue mucho más sutil. La joya devoró tu alma. Fue mi mejor creación en ese estilo, más sofisticada que cualquier otro invento mío. Iba destinada a alguien mucho más importante que vos, pero la situación exigía su uso, si no quería morir a manos de Ymryl.
A lo lejos se escuchaban ruidos de batalla. Ilian comprendió que su gente había atacado al ejército de Ymryl. Caminó sin vacilar hacia Kalan.
-Debo vengarme de vos por muchos motivos, barón Kalan -dijo -No podéis matarme, señora, si os referís a eso. No podéis hacerlo -Pero debo intentarlo.
El Señor de la Serpiente se encogió de hombros.
-Cómo queráis, pero me gustaría saber cómo escapó vuestra alma de la joya. Tenía la absoluta certeza de que quedaría atrapada en ella durante toda la eternidad, y con esa joya podría haber realizado experimentos más complicados, si cabe. ¿Cómo escapó?
Alguien gritó desde el rincón más alejado de la plaza.
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