Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.145
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Los pocos mercenarios que había en las calles se volvieron consternados y sus manos volaron en busca de las armas. Hombres ataviados de mil maneras diferentes, con toda clase de armaduras, de mil formas diferentes, hombres con todo el cuerpo cubierto de vello, hombres sin un solo pelo, hombres con cuatro brazos o cuatro piernas, hombres con cabeza de animal, hombres con cola, cuernos u orejas peludas, hombres con pezuñas en lugar de pies, hombres de piel verde, azul, roja y negra, hombres provistos de armas extravagantes, cuyo propósito era misterioso, hombres deformes, hombres enanos, hombres gigantescos, hombres hermafroditas, hombres con alas o de piel transparente, se lanzaron a la calle, vieron a la reina Ilian de Garathorm y estallaron en carcajadas.
Un guerrero de barba anaranjada que le llegaba a la cintura gritó:
-Ilian está muerta. Como lo estarás tú, antes de que haya pasado un minuto.
En respuesta, Ilian levantó su lanza flamígera, apretó el botón enjoyado y perforó la frente del hombre con un rayo rojo. Al mismo tiempo, un soldado con cara de perro lanzó un disco que aullaba. Ilian apenas tuvo tiempo de levantar un escudo que llevaba en el brazo derecho y detener el pequeño objeto. Hizo girar grupas a su caballo y busco refugio. Los defensores también procuraron ponerse a cubierto cuando rayos de luz roja brotaron de todas partes.
El combate se prolongó una hora. Cada bando utilizaba armas energéticas para protegerse, mientras Katinka van Bak se desplazaba de guerrero en guerrero y daba instrucciones para estrechar el cerco y acorralar a los defensores lo máximo posible. Lo consiguieron con grandes dificultades, porque si bien el enemigo contaba con menos armas energéticas, las maneJaban con mayor destreza. Ilian trepó a un tejado para observar el desarrollo de la batalla. Había eran considerables contó cuaPreeqnUteñø de su ejército, pero las bajas de Ym
Los soldados enemigos se estaban reagrupando para contraatacar. Muchos iban montados sobre animales de lo más variados, incluidas varias vaynas. Ilian bajó al suelo y buscó a Katinka van Bak.
-¡Piensan cargar sobre nosotros, Katinka!
-Habrá que detenerles -respondió la mujer con firmeza
Ilian montó en su vayna. El ave de largas patas graznó cuando Ilian la obligó a dar media vuelta. Cabalgó hacia Jhary-a-Conel, que había tomado la delantera.
-¡Jhary!¡Van a atacar¡
En aquel momento, una apretada masa de jinetes avanzó por las avenidas lanzando alaridos. Ilian tuvo la momentánea impresión de
Alzó la lanza flamígera y tocó el botón. Una luz rubí surgió del extremo y dlbujó una línea errática sobre los cuerpos de los primeros jinetes. Al caer, estorbaron a los que venían detrás y la fuerza de la carga.
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