Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.143
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Sus pies golpearon contra una rama y clavó en ella los tacones, procurando agarrarse a la rama superior. Estaba a punto de soltar su presa cuando Yisselda se izó a la rama. Se inclinó para ayudar a Ilian. Se tendieron jadeantes sobre la enorme rama.
Ilian se incorporó de un brinco.
-Seguidme -dijo-. Extended los brazos para mantener el equilibrio, y no dejéis de avanzar.
Se puso a correr sobre el tronco.
Y Yisselda, algo vacilante, la siguió.
Llegaron al campamento por la mañana y todos expresaron alegría. Katinka van Bak salió de la cabaña que había improvisado con tablones y se alegró al ver a Ilian.
-Temíamos por vos -dijo-. Incluso aquellos que afirmaban odiaros. Los demás volvieron con las lanzas flamígeras. Buen botín.
-Excelente. Y traigo más información.
-Bien, bien. Querréis desayunar... y también descansar, supongo. ¿Quién es ésta?
Katinka van Bak pareció fijarse por primera vez en la mujer ataviada con la sucia bata blanca.
-Se llama Yisselda de Brass. Al igual que vos, no es de Garanthorm...
Ilian observó la expresión de asombro que apareció en el rostro de Katinka van Bak.
-¿Yisselda? ¿La hija del conde Brass?
-Sí -contestó Yisselda, complacida-, aunque el conde Brass murió... Le mataron en la batalla de Londra.
-¡No es cierto! ¡No es cierto! ¡Vive todavía en el castillo de Brass! Así que Hawkmoon tenía razón... ¡Aún estáis viva! Es la experiencia más extraña de mi vida..., y la más agradable, sin duda alguna.
-¿Habéis visto a Dorian? ¿Cómo está?
-Ah... -Katinka van Bak se refugió en evasivas-. Está bien, está bien. Ha padecido una grave enfermedad, pero todas las posibilidades apuntan a una completa recuperación.
-Ojalá pudiera verle de nuevo. ¿Está en este plano?
-Es imposible, por desgracia.
-¿Cómo llegasteis aquí? ¿De la misma forma que yo?
-Más o menos, sí.
Katinka van Bak se volvió y observó que Jhary-a-Conel había salido de una de las casas negras que aún se tenían en pie. Se estaba frotando los ojos, como si aún estuviera medio dormido.
-Jhary, te presento a Yisselda de Brass. Hawkmoon estaba en lo cierto.
-¡Está viva!
Jhary dio una palmada sobre su muslo y paseó una mirada irónica de Ilian a Yisselda, y viceversa.
-¡Ja! ¡Es lo mejor que he visto en mi vida! ¡Oh, querida.
Y estalló en carcajadas, cosa que tanto Ilian como Yisselda juzgaron inexplicable.
Una oleada de cólera invadió a Ilian.
-¡Estoy harta de vuestros misterios e insinuaciones, sir Jhary! ¡Estoy hasta la coronilla de ellos!
-¡Sí! -Jhary continuó desternillándose-. ¡Creo que es la reaccion más normal, señora!
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