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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.135

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Si nosotros poseemos armas similares a las lanzas flamígeras, gozaremos de una ventaja considerable, por pocos que seamos.

-Exacto, pero el problema es cómo hacernos con un número tan elevado de armas.

-Quizá deberíamos entrar en Garathorm -dijo Ilian.

Se levantó, estiró sus músculos doloridos y se encogió. Se había quitado la armadura y llevaba una camisa verde como los demás. Se esforzaba por demostrar a sus ex amigos que deseaba ser aceptada por ellos.

-Porque ahí es donde encontraremos esas armas-concluyó.

-Y la muerte -dijo Lyfeth-. Puede que también encontremos la muerte.

-Tendríamos que disfrazarnos.

Katinka van Bak se acarició los labios.

-Lo mejor sería que las armas vinieran a nosotros -dijo Jhary-a-Conel.

-¿Qué queréis decir? -preguntó Ilian.


5. El ataque a Virinthorm

Eran ocho.

Ilian marchaba en cabeza. Vestía de nuevo su resplandeciente armadura, el yelmo sobre su cabello dorado y una espada delgada en su mano enguantada.

Guiaba a los otros siete por las anchas ramas de los árboles, moviéndose con suma pericia, porque había utilizado las sendas arbóreas desde que era niña.

Virinthorm apareció ante ellos.

Llevaba colgada a la espalda una lanza flamígera. La otra se había quedado en el campamento con Katinka van Bak.

Ilian se detuvo cuando llegaron a las afueras de Virinthorm, desde donde vieron a los conquistadores de la ciudad deambular por sus calles.

A lo largo de los meses, Virinthorm se había dividido en una serie de ciudades más pequeñas. Cada ciudad atraía a grupos o raza de hombres u otros seres, de forma que se agrupaban los de eras similares mundo similares, o rasgos físicos similares.

Ilian y su pequeña partida habían seleccionado esta ciudad especialmente. Estaba habitada en exclusiva por gente que, pese a su notable parecido con los hombres, no eran humanos.

Los rasgos de estos seres (transportados desde muchas eras y esferas) eran familiares a Ilian. Al verlos, dudó de llevar el plan adelante. Eran altos y esbeltos, de rasgados ojos almendrados y orejas que casi terminaban en punta. Mientras que los ojos de algunos eran como los de los hombres normales, otros tenían ojos purpúreos y amarillos, y los de otros consistían en puntos azules y plateados que centelleaban sin cesar. Parecía una gente altiva e inteligente, y procuraban relacionarse lo mínimo posible con sus compinches. Sin embargo, Ilian sabía que tal vez eran los más crueles de los invasores.

-Llámales eldren, llámales vadhagh, llámales melniboneanos -había dicho Jhary-a-Conel-, pero recuerda que todos son renegados, de lo contrario no se habrían aliado con Ymryl. Y sirven al Caos con el mismo entusiasmo que Ymryl, no os quepa duda.


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