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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.131

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4. Pacto

-¡Pandilla de imbéciles! -dijo con desprecio Katinka van Bak-. No os merecéis la oportunidad que os of recemos. Vuestras acciones sirven de maravilla a los planes de Ymryl. ¿No comprendéis que estáis haciendo exactamente lo que él quiere?

-¡Silencio!

El joven de la cicatriz en el mentón la traspasó con la mirada. Ilian levantó la cabeza y la agitó un poco para liberar los mechones de cabello pegoteados a su rostro sudado.

-¿Por qué razonáis con ellos, Katinka? Desde su punto de vista, tienen razón.

Les habían mantenido colgados de los brazos durante tres días, y sólo les habían bajado para que comieran e hicieran sus necesidades. A pesar del dolor, no era nada comparado con lo que Ilian había padecido en las mazmorras de Ymryl. Apenas era consciente de las incomodidades, y eso que sus captores habían concentrado sus atenciones en ella.

Había recibido varias patadas después de la primera. La habían escupido, abofeteado, insultado. No significaba nada para ella. Era lo que se merecía.

-Si nos destruyen, ellos correrán la misma suerte -dijo en voz baja Jhary-a-Conel, que tampoco parecía sentir el dolor.

Por lo visto, había dormido casi todo el tiempo. El gatito blanco y negro había desaparecido.

El joven miró a Katinka van Bak y después a Jhary.

-En cualquier caso, estamos condenados -dijo-. Los sabuesos de Ymryl no tardarán en olfatear nuestro rastro.

-A eso me refería-replicó Katinka.

Ilian miró hacia las ruinas de la ciudad antigua. Atraídos por el sonido de las voces, los demás se acercaron al árbol del cual colgaban los tres prisioneros. Ilian reconoció muchos de los rostros. Eran los jóvenes con los que había pasado tantos ratos en los viejos tiempos. Eran los guerreros entrenados, los que habían resistido más tiempo a Ymryl, así como algunos ciudadanos que habían conseguido huir de Virinthorm o que no se encontraban en la ciudad cuando Ymryl la conquistó. Y ni uno solo dejaba de detestarla con el odio que se dedica a los que, después de haber sido admirados, se han revelado como seres deleznables.

-Ni uno de vosotros habría ocultado la información que Ilian proporcionó a Ymryl -dijo Katinka- Si no entendéis eso, significa que sabéis poca cosa de la vida. No sois realistas, guerreros. Somos la única oportunidad que tenéis de vencer a Ymryl. Desecharnos equivale a desechar vuestra mejor posibilidad. Olvidad vuestro odio a Ilian, al menos hasta que hayamos expulsado a Ymryl. ¡Contáis con escasos recursos, amigos míos, para rechazar los mejores!

El joven de la cicatriz se llamaba Mysenal de Hinn y era pariente lejano de Ilian. En otros tiempos se había sentido atraído por ella, como tantos otros jóvenes de la corte.


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