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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.128

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3. Encuentro en el bosque

-Cabe la posibilidad, pues, de que los invasores pronto empiecen a pelearse entre sí -murmuró Jahry-a-Conel.

El gato le había comunicado todo cuanto había visto, de alguna forma misteriosa. Jhary acarició su cabeza redonda y el minino ronroneó.

Había amanecido. Katinka van Bak sacó tres caballos de la cueva. Dos eran fuertes y excelentes corceles. El tercero era el jamelgo amarillo de Jhary. A estas alturas, Ilian ya se había acostumbrado a la sensación de familiaridad que le asaltaba cuando veía cosas que, en su opinión, no podía haber visto nunca. Montó en un corcel, se acomodó en la silla, inspeccionó las armas que había encontrado en las fundas de la silla: la espada y la lanza de peculiar extremo rubí en lugar de punta.

Sin pensarlo, cogió la lanza por la mitad. Palpó una joya encastada en el mango. Sabía que si apretaba la joya surgiría una llama destructora del extremo rubí. Se encogió-de hombros con filosofía, contenta de llevar un arma tan poderosa como las que poseían muchos guerreros de Ymryl. Observó que Katinka van Bak tenía un arma similar, si bien Jhary se conformaba con la lanza, escudo y espada tradicionales.

-¿Creéis que existen esos dioses en los que Ymryl deposita tanta fe, Jhary? -preguntó Katinka mientras se internaban en el inmenso bosque.

-Existieron en un tiempo..., o existirán. Sospecho que existen cuando los hombres necesitan que existan, pero podría equivocarme. De todos modos, tened por seguro, Katinka van Bak, que cuando existen son extremadamente poderosos.

Kantinka Van Bak asintió.

-¿Y por qué no ayudan a Ymryl?

-Es posible que lo hagan sin que se dé cuenta.

Jhary aspiró una profunda bocanada de aire. Contempló con admiración los enormes capullos, la variedad de verdes y pardos de los árboles.

-A menudo -continuó-, estos dioses no pueden penetrar en los mundos humanos por sus propios medios, y han de valerse de intermediarios como Ymryl. Sospecho que tan sólo un poderoso hechizo lograría que Arioco entrara.

-Y este señor del Imperio Oscuro, el barón Kalan, sin duda, ¿carece de la habilidad necesaria?

-En su esfera, creo que es más que suficiente, pero si no cree en Arioco... no le sirve de nada a Ymryl. Es una suerte para nosotros.

-Pensar que seres dotados de más poderes que Ymryl y su chusma invadan Garathorm es desazonador-dijo Ilian.

Si bien los vagos recuerdos que acudían a su mente de vez en cuando ya no la perturbaban, se había sumido en un sombrío silencio desde que recordó su traición. Nunca había visto el cadáver de Bradne, su hermano, aunque había oído que poco quedaba de él cuando los jinetes de Ymryl volvieron con él a la ciudad, porque Katinka van Bak lo había rescatado antes de que Ymryl pudiera regodearse en el horror de Ilian.


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