Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.125
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Ojalá supiera en qué he ofendido a los Señores del Caos, si ése es el caso. Al principio, pensamos que nos habían dado un paraíso para que lo saqueáramos. Poca gente tenía idea de lo que era la guerra. Fue facilísimo conquistar sus ciudades. Y ahora no tenemos nada que hacer. ¿Cómo van los experimentos del hechicero?
-Sus intentos de poner en funcionamiento la máquina para viajar por las dimensiones han fracasado. Tengo poca fe en él, amo.
Ymryl sorbió por la nariz.
-Bueno, mató a la joven por mí..., o algo por el estilo. Y a distancia. Fue muy ingenioso. Quizá descubrirá la forma de sacarnos de aquí.
-Quizá, amo.
-No entiendo por qué ni los más poderosos de nosotros seguimos sin tener noticia de los Señores del Caos. Si no fuera Ymryl, el Cuerno Amarillo, si fuera un hombre inferior, me sentiría abandonado. En mi mundo, Garco, goberné una gran nación. Y la goberné en nombre del Caos. Me sacrifiqué mucho por Arioco, Garko. Muchísimo.
-Ya me lo habíais dicho, amo.
-Y otros eran reyes en sus mundos. Algunos gobernaban imperios. Y ninguno hemos compartido el mismo tiempo, ni siquiera el mismo plano, por lo visto. Eso es lo que me desconcierta. Cada ser, humano o inhumano, como tú, llegó aquí en el mismo momento, desde un mundo diferente. Sólo pudo ser obra de Arioco, o de algún otro Señor del Caos poderoso, porque todos, o la gran mayoría, somos servidores de aquellos grandes Señores de la Entropía, pero Arioco continua sin explicarnos el motivo de nuestra presencia aquí.
-Quizá no haya ninguno, amo.
Ymryl resopló y golpeó a Garko en la cabeza, aunque sin mucha fuerza.
-Arioco siempre tiene un motivo. Y es bueno con aquellos que le sirven sin hacer preguntas, tal como yo le serví durante muchos años en mi mundo. Al principio, pensé que esto era la recompensa...
Ymryl se acercó con la copa y la jarra a la ventana y contempló la ciudad que había conquistado, mientras se servía más vino. Ladeó su cabeza amarilla y bebió el vino.
-Me aburro tanto, tanto. Pensaba que los conquistadores de las provincias occidentales habrían intentado atacarnos, impulsados por la codicia, pero por lo visto son tan cautelosos como yo. No quieren provocar la cólera de Arioco, enfrentándose entre sí. Sin embargo, estoy empezando a cambiar de opinión a ese respecto. Creo que Arioco quiere que luchemos. Desea descubrir quién es el más fuerte. Quizá por eso nos trajo aquí. A modo de prueba, ¿entiendes, Garko?
-Una prueba. Entiendo, amo.
Ymryl resopló.
-Llama al hechicero. Quiero consultarle. Puede que me ayude a comprender algo.
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