Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.121
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Era uno de los pasatiempos más emocionantes de Garathorm. Y cuando, varios años antes, Katinka van Bak llegó de repente a la corte del rey Pyran, exhausta, confusa y al borde de la muerte, Ilian se encariñó de ella al instante. La historia de Katinka era muy extraña. De alguna manera, había viajado a través del tiempo (aunque ignoraba si hacia el pasado o hacia el futuro), después de huir de sus enemigos, que la habían derrotado en una gran batalla. Los detalles de su viaje temporal eran vagos, pero la corte no había tardado en aceptarla con agrado y, para mantenerse ocupada y ayudar a Ilian al mismo tiempo, había accedido a enseñar artes marciales a la muchacha. En Garathorm no había soldados. Tan sólo existía una guardia ceremonial y escasos grupos dispersos cuya misión consistía en proteger a las granjas más alejadas de las pocas alimañas que aún quedaban en Garathorm. Sin embargo, Ilian blandió la espada y el hacha como si fuera la hija de algún gran guerrero. Y le complació en extremo aprender todo cuanto Katinka van Bak le enseñaba. Aunque su infancia había sido muy feliz, siempre tuvo la sensación de que le faltaba algo, hasta este momento.
Su entusiasmo por tales arcanos divertía a su padre, y su euforia contagió a muchos jóvenes de la corte. Con el tiempo, fueron centenares los chicos y chicas que manejaban con desenvoltura la espada y el escudo, y complicados torneos incruentos se convirtieron en el plato fuerte de las festividades celebradas en la corte.
Tal vez no fuera coincidencia, sino una maniobra del destino, lo que preparó un pequeño pero muy diestro ejército para cuando llegara Ymryl.
Ymryl cayó de repente sobre Virinthorm. Vagos rumores precedieron a su llegada y el rey Pyran envió emisarios a investigar los inquietantes informes procedentes de los rincones más alejados del continente. Antes de que los emisarios regresaran, Ymryl ya había hecho acto de presencia. Se supo después que encabezaba un numeroso ejército que había invadido toda Garathorm y tomado las principales ciudades en cuestión de semanas. Al principio, se pensó que habían venido de algún país desconocido hasta el momento allende los mares pero no había pruebas a ese respecto. Como Katinka van Bak, Ymryi y sus compinches habían llegado de forma misteriosa a Garathorm. Ni siquiera ellos parecían saber cómo lo habían conseguido.
Se dejaron de lado las especulaciones sobre su origen. Se dedicaron todos los esfuerzos a oponerles resistencia. Se pidió a los eruditos que inventaran armas, y a los ingenieros que emplearan sus conocimientos en concebir métodos de destrucción. No estaban acostumbrados a pensar en esos términos y pocas armas fueron producidas. Katinka van Bak, Ilian y unos doscientos más lucharon contra el ejército de Ymryl y consiguieron algunas victorias en escaramuzas, pero cuando Ymryl estuvo preparado para avanzar hacia la ciudad bajo los árboles, avanzó.
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