Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.115
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¿Es mencionado en las leyendas o en los libros de historia?
-En algunos -admitió la mujer-. Sigue adelante, Hawkmoon. Pronto llegaremos al otro lado.
-¿A dónde conduce?
Se giró en redondo. La antorcha que sujetaba en la mano teñía su rostro de un rojo demoníaco.
-¿Al mismísimo campamento del Imperio Oscuro? ¿Trabajáis los dos para mis viejos enemigos? ¿Se trata de una celada? ¡Ninguno de los dos me habéis dicho la verdad!
-No estamos al servicio de vuestros enemigos -dijo Katinka van Bak-. Seguid, Hawkmoon, os lo ruego, ¿o preferís que vaya yo al frente?
Dio un paso adelante.
Hawkmoon se llevó la mano instintivamente al pomo de la espada, echando hacia atrás su capa de piel.
-No. Confío en vos, Katinka van Bak, aunque olfateo una trampa. ¿Por qué?
-¡Debéis seguir adelante, señor campeón! -dijo en voz baja Jhary-a-Conel, mientras acariciaba el pelaje de su gato blanco y negro, que asomaba la cabeza por su justillo-. Es vuestro deber.
-¿Campeón? ¿Campeón de qué? -La mano de Hawkmoon aún aferraba el pomo de su espada-. ¿De qué?
-Campeón Eterno -respondió Jhary-a-Conel, aún en voz baja-. Soldado del destino...
-¡No!
Aunque las palabras carecían de sentido, su sonido resultó insoportable a Hawkmoon.
-¡No!
Se llevó las manos enguantadas a los oídos.
Y fue en aquel momento cuando sus amigos se precipitaron sobre él.
No estaba tan fuerte como antes de sumirse en la locura. La subida le había agotado. Luchó contra ellos, hasta que el puñal de Katinka van Bak rozó su ojo y oyó que la mujer susurraba en sus oídos:
-Mataros es la mejor forma de lograr nuestros propósitos, Hawkmoon -dijo-, pero lo considero una grosería. Además, no me decido a separaros de este cuerpo, por si deseáis regresar a él. Por lo tanto, sólo os mataré si me ponéis las cosas muy difíciles. ¿Me entendéis?
-Olfateaba la traición -replicó Hawkmoon, sin dejar de debatirse-, cuando pensaba oler a primavera. Olía a traición, en realidad. Traición disfrazada de amistad.
Uno de los dos apagó la antorcha. La oscuridad descendió sobre ellos y Hawkmoon oyó el eco de sus palabras.
-¿Dónde estamos? -Notó que el puñal aranaba su ojo de nuevo-. ¿Qué me váis a hacer?
-Era la única forma -dijo Katinka van Bak-. Era la única manera, campeón.
Era la primera vez que le llamaba así, aunque Jhary había utilizado el término con frecuencia.
-¿Dónde estamos?-repitió-. ¿Dónde?
-Ojalá lo supiera-musitó Katinka van Bak, como entristecida.
A continuación, le golpeó en la nuca con su guantelete. Por un momento, Hawkmoon pensó que no iba a perder la conciencia, pero entonces se dio cuenta de que las rodillas le fallaban.
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