Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.111
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-¡Katinka! ¡Pensaba que ibas a pasar el invierno en la Kamarg!
-Ése era mi plan.
La mujer avanzó, cogió al príncipe por los hombros y le besó en ambas mejillas al estilo militar; dio la impresión de que, en lugar de saludar a un antiguo amante, se presentaba como soldado.
-El duque Dorian me convenció de que le acompañara a las Montañas Búlgaras.
-¿Dorian? El duque de Colonia. He oído hablar mucho de vos, joven. Es un honor acogeros bajo mi techo. -El príncipe Karl sonrió mientras estrechaba la mano de Hawkmoon-. ¿Y este caballero?
-Un compañero de camino. Su nombre es un poco raro: Jhary-a-Conel.
Jhary se quitó el sombrero y ejecutó una complicada reverencia.
-Es un honor conocer al príncipe de Pesht -dijo.
El príncipe Karl rió.
-Y un privilegio recibir a un compañero del gran héroe de Londra. Esto es maravilloso. ¿Vais a quedaros mucho tiempo?
-Temo que sólo esta noche -dijo Hawkmoon-. Los asuntos que nos aguardan en las Montañas Búlgaras son urgentes.
-¿Hay algo allí que valga la pena? Hasta los legendarios gigantes de la montaña han muerto, según creo.
-¿No habéis hablado al príncipe de los invasores? -preguntó Hawkmoon, sorprendido, y se volvió hacia Katinka van Bak-. Pensaba...
-No quería alarmarle.
-¡Pero esta ciudad no se encuentra lejos de las Montañas Búlgaras, y corre peligro de ser atacada! -protestó Hawkmoon
-¿Atacada? ¿Qué ocurre? ¿Un enemigo procedente de las montañas?
La expresión del príncipe Karl cambió.
-Bandidos -dijo Katinka van Bak, lanzando una significativa mirada a Hawkmoon-. Una ciudad del tamaño de Pesht no ha de temer nada. Un país tan bien defendido como el vuestro no se encuentra amenazado.
-Pero...
Hawkmoon se contuvo. Katinka van Bak debía tener buenos motivos para ocultar al príncipe lo que sabía. ¿Cuáles podían ser esas razones? ¿Acaso sospechaba que el príncipe Karl se había confabulado con sus enemigos? En tal caso, tendría que haberle advertido antes. Además, era inconcebible que este amable anciano se aliara con semejante chusma. Había luchado bien y valientemente contra el Imperio Oscuro que le capturó, aunque no había padecido las indignidades que el Imperio Oscuro reservaba a los aristócratas prisioneros
-Estaréis cansados del viaje -dijo el príncipe Karl con diplomacia. Ya había ordenado a los criados que prepararan habitaciones para los invitados-. Querréis acostaros. El placer de veros de nuevo, Katinka y de conocer a este héroe, me ha impulsado a reteneros más de la cuenta. -Sonrió y rodeó con el brazo la espalda de Hawkmoon-. Quizá podamos charlar un poco durante el desayuno, antes de que partáis.
-Sería un gran placer, sire -dijo Hawkmoon
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