Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.106
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Ya no recordaba en nada al ser que habitaba en el castillo de Brass, si bien sus antiguas amistades le habrían reconocido de inmediato. Sus facciones eran marcadas de nuevo y los músculos abultaban bajo la camisa de seda. Sus ojos eran brillantes, enérgicos, y su piel brillaba, así como su largo cabello rubio.
-¿Aún os preguntáis si encontraréis allí a Yisselda?
-Sí, y también me pregunto si ese ejército es tan fuerte como pensáis. Quizá tuvieron la suerte de su lado cuando aplastaron a vuestras fuerzas.
-¿Qué os hace pensar eso?
-No hemos oído ningún rumor. Ni la menor insinuación de que nadie tenga noticia de este ejército.
-Yo he visto ese ejército. Y era grande, creedme. Es poderoso. Podría conquistar el mundo entero. Es cierto.
Hawkmoon se encogió de hombros.
-Bien, os creo, Katinka van Bak, pero considero extraño que no hayan llegado rumores a nuestros oídos. Cuando hablamos de este ejército, nadie confirma lo que decimos. ¡No me extraña que nos presten tan poca atención!
-Vuestro ingenio se agudiza -aprobó Katinka-, pero como resultado estáis menos predispuesto a creer en lo fantástico. -Sonrió- Ocurre a menudo, ¿verdad?
-Sí, a menudo.
-¿Queréis dar media vuelta?
Hawkmoon estudió el vino caliente de la copa.
-El viaje hasta casa es largo, pero ahora me siento culpable por haber abandonado mis obligaciones en la Kamarg y emprender esta búsqueda.
-No os ocupabais demasiado bien de esas responsabilidades -le recordó ella-. No estabais en condiciones..., ni físicas ni mentales.
Hawkmoon le dedicó una sonrisa sombría.
-Es verdad. Este viaje me ha sentado de maravilla, pero eso no cambia el hecho de que mis principales responsabilidades están en la Kamarg.
-En este momento, nos quedan más cerca las Montañas Búlgaras que la Kamarg.
-Al principio, vos fuisteis la más reacia a emprender este viaje, pero ahora os mostráis ansiosa por alcanzar vuestro objetivo.
La mujer se encogió de hombros.
-Me gusta terminar lo que empiezo. ¿Es tan raro?
-Yo diría que es típico de vos, Katinka van Bak -suspiró Hawkmoon-. Muy bien. Vayamos a las Montanas Búlgaras, lo más rápido que permitan nuestras monturas, y regresemos a la Kamarg en cuanto nuestro objetivo se haya cumplido. Con información y la fuerza de la Kamarg encontraremos una forma de derrotar a los que destruyeron vuestro país. Hablaremos con el conde Brass, que ya habrá vuelto para entonces.
-Un plan muy sensato, Hawkmoon. -Katinka van Bak pareció tranquilizarse-. Me voy a la cama.
-Terminaré el vino e imitaré vuestro ejemplo. -Hawkmoon lanzó una carcajada-. Incluso ahora conseguís agotarme.
-Otro mes y la situación sufrirá un vuelco -prometió ella-.
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