Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.99
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Para empezar, no es necesario. Parece que sólo actúan movidos por la codicia y las ansias de matar. Son como langostas. Es la descripción que mejor les cuadra. Hasta el Imperio Oscuro concedía cuartel, porque proyectaba conquistar el mundo y necesitaba esclavos. Pero éstos..., éstos son mucho peores.
-Cuesta concebir un agresor peor que el Imperio Oscuro, pero -se apresuró a añadir Hawkmoon- os creo, Katinka van Bak.
-Sí, creedme, porque soy la única superviviente. Puedo dar gracias a la vida que he llevado. Me ha dado la experiencia necesaria para saber cuando una situación está perdida y cómo escapar a las consecuencias. Nadie más ha sobrevivido en Ukrainia o en las tierras que se extienden al otro lado de las Montañas Búlgaras.
-¿Huisteis para advertir a los países del otro lado? ¿Para levantar un ejército contra esos canallas?
-Huí. Eso es todo. He contado mi historia a todos los que han querido escucharme, pero no espero grandes resultados. A casi nadie le importa lo acaecido a pueblos que viven tan alejados, aunque me creyeran. Por lo tanto, tratar de levantar un ejército sería en vano. Además debo añadir que cualquier ejército humano que fuera a luchar contra los actuales ocupantes de las Montañas Búlgaras sería destruido por completo.
-¿Iréis a Londra? El conde Brass ya habrá llegado.
Katinka van Bak suspiró y se estiró.
-No de inmediato. Estoy cansada. He cabalgado casi sin pausa desde que abandoné Ukrainia. Si no ponéis objeción, me quedaré en el castillo de Brass hasta que mi viejo amigo regrese, a menos que de repente me entren ganas de viajar a Londra. De momento, sin embargo, no tengo el menor deseo de moverme.
-Sois bienvenida, por supuesto dijo Hawkmoon de todo corazón-. Es un honor para mí. Debéis contarme más cosas de los viejos tiempos, así como explicarme vuestras teorías acerca de ese ejército despreciable... De dónde procede y todo eso.
-No tengo la menor idea. No existe una explicación lógica. Apareció de la noche a la mañana, y ahí sigue. Negociar con esa gente es imposible. Es como intentar razonar con un huracán. Da la impresión de que estén desesperados, de que desprecien su vida tanto como la de los demás. Y la indumentaria y aspecto de los soldados, como ya os he dicho es de lo más dispar. Ni uno igual. Y sin embargo, creí reconocer una o dos caras cuando se lanzaron sobre nosotros. Soldados que yo había conocido, muertos muchos años atrás. Y juraría que vi a Bowgentle, el viejo amigo del conde Brass, cabalgando con ellos. Pero me habían dicho que Bowgentle murió en Londra...
-En efecto. Vi sus despojos.
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