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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.87

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Si, por ejemplo, había problemas de nuevo en Granbretán (si los militares derrotados que no aceptaban la situación se alzaban contra la reina Flana), tal vez sería una buena idea pedirle a Hawkmoon que los buscara y destruyera.

El conde Brass presentía que una misión de esas características sería lo único que podría salvar a su amigo. Intuía que Hawkmoon no estaba hecho para la paz. Existían hombres así, hombres moldeados por el destino para la guerra, fuera buena o mala (si era posible establecer semejante distinción), y Hawkmoon era uno de ellos.

El conde Brass suspiró y devolvió la atención a su nuevo plan. Escribiría a Flana por la mañana para comunicarle su inminente visita. Sería interesante comprobar la evolución de la extraña ciudad desde la última vez que la había pisado, como conquistador.


2. El conde Brass sale de viaje

-Dadle recuerdos de mi parte a la reina Flana -dijo Dorian Hawkmoon, distraído.

Sostenía una representación en miniatura de Flana entre sus pálidos dedos, y daba vueltas al modelo mientras hablaba. El conde Brass no estaba seguro de que lo hubiera cogido conscientemente.

-Decidle que no me sentía en condiciones de emprender el viaje.

-Os sentiríais mejor en cuanto el viaje comenzara -replicó el conde Brass.

Observó que Hawkmoon había cubierto los ventanales con tapices oscuros. La habitación sólo estaba iluminada por lámparas, aunque era casi mediodía. Y olía a humedad, a enfermedad, a recuerdos atesorados.

Hawkmoon se frotó la cicatriz de la frente, donde le habían injertado la Joya Negra. Su piel tenía un tono cerúleo. Una luz febril y aterradora alumbraba en sus ojos. Había adelgazado tanto que las ropas colgaban sobre su cuerpo como banderas arrugadas. Contemplaba la mesa sobre la cual descansaba la maqueta de Londra, con sus miles de torres demenciales, interconectadas mediante un laberinto de túneles, para que ningún habitante tuviera que exponerse a la luz del día.

De pronto, el conde Brass pensó que Hawkmoon había contraído la enfermedad de aquellos a quienes había derrotado. Al conde no le habría sorprendido descubrir a Hawkmoon cubierto con una máscara.

-Londra ha cambiado desde la última vez que la visteis dijo el conde Brass-. Me han dicho que las torres han sido derribadas, las flores crecen en amplias calles, y hay parques y avenidas en lugar de túneles.

-Eso creo -contestó Hawkmoon, poco interesado.

Se alejó del conde y sacó fuera de las murallas de Londra a una división de caballería del Imperio Oscuro. Daba la impresión de que estaba modificando la disposición de las fuerzas enfrentadas en la batalla que permitió al Imperio Oscuro derrotar al conde Brass y a los demás Compañeros del Bastón Rúnico.


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