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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.79

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Sonrió.

-¿Aún sois un fantasma, conde Brass, o habéis sido devuelto a la vida? Dije que daría cualquier cosa por volveros a tener entre nosotros.

-¿Devuelto a la vida? ¡Deberíais saber que no estoy muerto! -rió el conde Brass-. ¿Desde cuando os asaltan esos terrores, Hawkmoon?

-¿No moristeis en Londra?

-No, gracias a vos. Me salvasteis la vida. Si aquel cabrón me hubiera clavado la lanza, ahora estaría muerto.

Hawkmoon sonrió para sí.

-Por lo tanto, es posible alterar los acontecimientos. Y sin repercusiones, por lo visto. ¿Dónde están Kalan y Taragorm? Y los demás... -Se volvió hacia el conde Brass mientras cabalgaban por los familiares senderos del pantano-. ¿Y Bowgentle, Oladahn y D´Averc?

El conde Brass frunció el ceño.

-Muertos desde hace cinco años. ¿No os acordáis? Pobre muchacho, todos sufrimos después de la batalla de Londra. -Carraspeó-. Perdimos mucho al servicio del Bastón Rúnico. Y vos perdisteis la cordura.

-¿La cordura?

Divisaron las luces de Aigues-Mones. Hawkmoon vio la silueta del castillo de Brass, recortada contra el cielo.

El conde Brass volvió a carraspear. Hawkmoon le miró.

-¿Mi cordura, conde Brass?

-No tendría que haberlo mencionado. Pronto llegaremos a casa.

El conde Brass evitó su mirada.

Entraron por las puertas de la ciudad y ascendieron por sus calles tortuosas. Algunos soldados cabalgaban en otras direcciones mientras se dirigían al castillo, porque sus cuarteles se encontraban en la misma ciudad.

-¡Buenas noches! -gritó el capitán Vedla.

El conde Brass y Hawkmoon no tardaron en quedarse solos. Entraron en el patio del Castillo y desmontaron.

El salón del castillo parecía un poco diferente de cuando Hawkmoon lo había visto por última vez. Daba la sensación de que faltaba algo.

-¿Yisselda duerme? -preguntó Hawkmoon.

-Sí -respondió el conde Brass en tono de cansancio-. Duerme.

Hawkmoon contempló sus ropas manchadas de barro. Ya no llevaba armadura.

-Será mejor que tome un baño y me acueste -dijo. Dirigió una mirada penetrante al conde Brass y sonrió-. Pensaba que os habían matado en la batalla de Londra.

-Sí -contestó el conde Brass, en el mismo tono de preocupación-. Lo sé. Ahora ya sabéis que no soy un fantasma, ¿verdad?

-¡Ya lo creo! -rió Hawkmoon-. Los planes de Kalan nos sirvieron mucho más a nosotros que a él, ¿eh?

El conde Brass frunció el ceño.

-Supongo que sí -dijo, vacilante, como si no estuviera seguro de lo que Hawkmoon quería decir.

-Pero escapó -prosiguió Hawkmoon-. Puede que vuelva a darnos problemas.

-¿Escapó? No. Se suicidó después de quitaros la joya de la cabeza. Eso es lo que alteró tanto vuestro cerebro.


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