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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.76

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El viento le había transportado al pasado. Las alas metálicas de los ornitópteros que pasaban a su lado resonaban. Daba la impresión de que había mucha actividad en esta Londra. ¿Para qué se preparaba?

La escena cambió de nuevo.

Hawkmoon vio Londra desde lo alto, pero ahora tenía lugar una batalla. Explosiones. Llamas. Gritos de agonía. Reconoció la escena: la batalla de Londra.

Empezó a caer, hasta que apenas pudo pensar, ni siquiera recordar quien era.

Y de repente fue Dorian Hawkmoon, duque de Colonia, un yelmo reluciente como un espejo en la cabeza, la Espada del Amanecer en la mano, el Amuleto Rojo alrededor del cuello y una Joya Negra clavada en su cráneo.

Había regresado a la batalla de Londra.

Sus nuevos pensamientos se mezclaron con los antiguos cuando espoleó al caballo. Experimentó un gran dolor en la cabeza y supo que la Joya Negra estaba royendo su cerebro.

Se encontraba en pleno combate. La extraña Legión del Amanecer, que proyectaba un aura rosada, se abría paso entre guerreros que portaban horribles yelmos de lobo y buitre. La confusión reinaba por doquier. El dolor que velaba sus ojos impedía a Hawkmoon ver lo que sucedía. Distinguió a un par de sus guerreros karmaguianos. Divisó dos o tres yelmos brillantes como espejos en el corazón de la batalla. Se dio cuenta de que el brazo armado con la espada subía y bajaba, subía y bajaba, derribando guerreros del Imperio Oscuro que le cercaban.

-Conde Brass -murmuró-. Conde Brass.

Recordó que estaba buscando a su viejo amigo, aunque no sabía muy bien por qué. Vio que los feroces Guerreros del Amanecer, con sus cuerpos pintados, sus garrotes de púas y sus lanzas provistas de lengüetas adornadas con mechones de cabello teñido, practicaban grandes huecos en las filas apiñadas del Imperio Oscuro. Miró a su alrededor y trató de averiguar cuál de los jinetes tocados con yelmos espejeantes era el conde Brass.

El dolor que atenazaba su cráneo aumentaba sin cesar. Gimió y deseó poder arrancarse el yelmo de la cabeza, pero sus manos estaban muy ocupadas, aniquilando a los guerreros que se apretujaban en torno suyo.

Y entonces vio un destello dorado y supo que era el pomo de latón de la espada manejada por el conde Brass. Espoleó a su caballo en aquella dirección.

El hombre del yelmo espejeante y la armadura de latón estaba luchando contra tres gigantescos señores del Imperio Oscuro. Hawkmoon le vio de pie en el barro, valiente y altivo, mientras los tres enemigos (un sabueso, un macho cabrío y un toro) cabalgaban hacia él. El conde Brass hizo girar su espada y cortó las patas de los caballos.


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