Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.64
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Una puerta vigilada es una puerta importante, pensó Hawkmoon. Detrás podía ocultarse la respuesta a las preguntas que les intrigaban.
-Tenemos órdenes de relevaros -dijo, con la voz más vaga posible-. Podéis volver a vuestros puestos.
-¿Relevarnos? -se extrañó un guardia-. ¿Ya hemos terminado nuestro turno? Pensaba que sólo había pasado una hora. Claro que el tiempo... -Hizo una pausa-. Todo es tan extraño...
-Estáis relevados -dijo el conde Brass, adivinando el plan de Hawkmoon-. Eso es todo lo que sabemos.
Los dos guardias saludaron y se alejaron con paso indolente. Hawkmoon y el conde Brass ocuparon sus puestos.
En cuanto los guardias se fueron, Hawkmoon giró el picaporte, pero a puerta estaba cerrada con llave.
El conde Brass miró a su alrededor y se estremeció.
-Éste sí que parece un submundo, y no aquel en que me encontré -comentó.
-Creo que os habéis aproximado a la verdad -dijo Hawkmoon, mientras inspeccionaba la cerradura.
Era tosca, como casi todos los artilugios del lugar. Sacó el puñal, de pomo color esmeralda, que había robado a su víctima. Insertó la punta en la cerradura y la movió durante varios segundos. Luego, la giró con brusquedad. Se oyó un clic y la puerta se abrió.
Los dos compañeros entraron.
Y los dos dieron un respingo al mismo tiempo.
2. El museo de los vivos y los muertos
-¡El rey Huon! -murmuró Hawkmoon.
Cerró la puerta a toda prisa y contempló el gran globo suspendido sobre su cabeza. Dentro del globo oscilaba la figura marchita de un anciano rey que, en otro tiempo, había hablado con voz juvenil.
-¡Creía que Meliadus os había asesinado!
Un leve susurro escapó del globo. De tan tenue, pareció casi un pensamiento.
-Meliadus-dijo-. Meliadus.
-El rey sueña -dijo la voz de Flana, reina de Granbretán
Avanzaba hacia ellos, con su máscara de garza fabricada con fragmentos de mil joyas y su lujoso vestido de brocado.
-¿Flana?
Hawkmoon caminó hacia ella.
-¿Cómo has llegado aquí?
-Nací en Londra. ¿Quién sois vos? Aunque pertenecéis a la Orden del rey-emperador, habláis con insolencia a Flana, condesa de Kanbery.
-Ahora, reina Flana-musitó Hawkmoon.
-Reina. .., reina..., reina... -sonó la lejana voz del rey Huon desde atrás.
-Rey... -Otra figura se acercó con paso vacilante-. Rey Meliadus...
Y Hawkmoon supo que si quitaba a la figura la máscara de lobo vería la cara del barón Meliadus, su antiguo enemigo. Y supo que sus ojos serían vidriosos, como los de Flana. Había más personajes en la habitación, todos representantes del Imperio Oscuro: el antiguo marido de Flana, Asrovak Mikosevaar; Shenegar Trott, con su máscara de plata; Pra Flenn, duque de Lakasdeh, con su yelmo en forma de dragón sonriente, que había muerto antes de cumplir diecinueve años, y había matado a cien hombres y mujeres antes de los dieciocho.
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