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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.45

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Kalan chilló, como si estuviera herido.

-¡Pensad en vuestros intereses, D´Averc! ¡Yo los defiendo!

D´Averc rió y volvió a clavar la espada en la pirámide.

-Os lo advierto, D´Averc -gritó Kalan-. ¡Si me canso, os sacaré de este mundo!

-Este mundo no tiene nada que ofrecer, y tampoco le complace mi presencia. Me parece, barón Kalan, que si sigo buscando encontraré vuestro corazón.

Lanzó otro mandoble.

Kalan chilló una vez más.

-¡Tened cuidado, D´ Averc! -gritó Hawkmoon.

Se deslizó por la duna, con la intención de coger la lanza flamígera, pero D´ Averc desapareció, sin el menor ruido, antes de que alcanzara el arma.

-¡D´Averc! -El grito de Hawkmoon recordó a un lamento, a una queja-. ¡D´Averc!

-A callar, Hawkmoon -dijo la voz de Kalan desde la pirámide resplandeciente-. Los demás, escuchadme. Matadle ahora..., o seguiréis la suerte de D´Averc.

-No me parece una suerte tan terrible -sonrió el conde Brass.

Hawkmoon cogió la lanza flamígera. Kalan debió advertirlo, porque chilló.

-Oh, Hawkmoon, mirad que sois bruto, pero moriréis igualmente.

La pirámide se desvaneció.

El conde Brass miró a su alrededor, con una expresión sardónica en su rostro bronceado.

-Si encontramos Soryandum -dijo-, puede que no quede ninguno de nosotros para verlo. Nuestras fuerzas se reducen a marchas forzadas, amigo Hawkmoon.

Dorian exhaló un profundo suspiro.

-Perder buenos amigos dos veces es difícil de soportar. Vosotros no podéis comprenderlo. Oladahn y D´Averc os eran tan extraños como yo a ellos, pero eran viejos amigos, a los que quería mucho.

Bowgentle apoyó una mano en el hombro de Hawkmoon.

-Os comprendo dijo-. Esta aventura os pesa más a vos que a nosotros, duque Dorian. Mientras nosotros estamos perplejos (arrebatados de nuestras épocas, amenazados de muerte por todas partes, confrontados a máquinas extravagantes que nos ordenan matar a desconocidos), vos estáis triste. Y podría decirse que el dolor es la más debilitadora de todas las emociones. Roba la voluntad cuando más necesaria es.

-Sí -suspiró de nuevo Hawkmoon. Tiró la lanza flamígera-. Bien, he encontrado Soryandum, o las colinas entre las que se levanta Soryandum. Calculo que llegaremos al caer la noche.

-Pues démonos prisa-dijo el conde Brass. Se limpió la cara y el bigote de arena-. Con un poco de suerte, tardaremos unos días en volver a ver al barón Kalan y a su maldita pirámide. Y para entonces, puede que hayamos avanzado uno o dos pasos en la resolución de este misterio. -Palmeó la espada de Hawkmoon-. Vamos, muchacho. Montemos. Nunca se sabe; puede que todo esto salga bien. Quizá volveréis a ver a vuestros amigos


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