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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.10

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Se vengará de vos una noche, cuando traspaséis las murallas de Aigues-Mortes, si os atrevéis. Y su fantasma es aún más héroe, más hombre que vos, renegado. Sí, renegado. Primero servisteis a Koln, después servisteis al Imperio, luego os volvisteis contra el Imperio, a continuación ayudasteis al Imperio a conspirar contra el conde Brass, y por fin volvisteis a traicionar al Imperio. Vuestra historia confirma la verdad de mis aseveraciones. No estoy bebido ni loco. Otros han visto y oído lo que yo he visto y oído.

-Eso quiere decir que te han engañado -afirmó Yisselda.

-Sois vos la engañada, señora -gruñó Czernik.

Los senescales avanzaron de nuevo. Esta vez, Hawkmoon no impidió que sacaran al viejo del anfiteatro.

El festejo resultó enturbiado por el incidente. Los invitados de Hawkmoon estaban demasiado turbados para comentarlo, y el interés de la muchedumbre ya no se concentraba en los toros ni en los toreros, que evolucionaban con destreza sobre la arena y trataban de coger las cintas de los cuernos.

A continuación, se celebró un banquete en el castillo de Brass. Habían sido invitados todos los dignatarios locales de la Kamarg, así como los embajadores, pero faltaron cuatro o cinco de los primeros. Hawkmoon comió poco y bebió más de lo normal en él. Se esforzó en sacudirse el mal humor provocado por las extrañas palabras de Czernik, pero le costaba sonreír, incluso cuando sus hijos bajaron a saludarle y los presentó a sus invitados. Pronunciaba cada frase a costa de un tremendo esfuerzo, y la conversación no era fluida, ni siquiera entre los invitados. Muchos embajadores se excusaron y se acostaron pronto. Al cabo de poco rato, sólo quedaron en el salón del banquete Hawkmoon y Yisselda, sentados a la cabecera de la mesa, mientras los criados se llevaban los restos de la cena.

-¿Qué puede haber visto? -dijo por fin Yisselda, cuando los criados salieron-. ¿Qué pudo haber oído, Dorian?

Hawkmoon se encogió de hombros.

-Nos lo dijo: el fantasma de tu padre...

-¿Un baragón más definido que otros?

-Describió a tu padre. Su caballo. Su armadura. Su cara.

-Pero estaba bebido, y hoy también.

-Dijo que otras personas habían visto al conde Brass y escuchado de sus labios la misma historia.

-Es ese caso, es un complot. Fraguado por algunos de tus enemigos, acaso un señor del Imperio Oscuro superviviente, que se disfraza y se pinta la cara para parecerse a mi padre.

-Tal vez, pero Czernik habría descubierto la superchería. Conocía al conde Brass desde hacía muchos años.

-Sí, y le conocía bien -admitió Yisselda.

Hawkmoon se levantó poco a poco de su asiento y caminó hacia el hogar, sobre el cual colgaba la indumentaria guerrera del conde Brass.


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