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Al rescate de Tanelorn (Michael Moorcock) - pág.31

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La victoria le había arrebatado toda ecuanimidad, pues era la primera vez que un mortal vencía a un Señor del Caos.

Pero la armadura estaba vacía, aunque alguna vez hubiese lle, vado dentro un cuerpo, y Narihan había desaparecido.



Se hizo la calma a bordo de los barcos de Xerlerenes y sobre la ciudad de Tanelorn. Los guerreros que quedaban se reunieron en la plaza de la ciudad para celebrar la victoria.

Friagho, el capitán de Xerlerenes se acercó a Rackhir y encogiéndose de hombros le dijo:

-No hemos cogido lo que queríamos..., pero con esto nos conformamos. Gracias por la pesca, amigo.

-Gracias por vuestra ayuda -le dijo Rackhir con una sonrisa al tiempo que aferraba a Friagho por el hombro-. Nos habéis hecho un gran favor.

Friagho volvió a encogerse de hombros, y se dirigió a sus redes con el tridente dispuesto. De repente, Rackhir le gritó:

-¡No, Friagho! Ésa no, deja que me quede con el contenido de esa red.

Sorana, que seguía atrapada en la red, parecía inquieta, y como si hubiera preferido ser traspasada por el tridente de Friagho

-De acuerdo, Arquero Rojo, allá abajo hay muchos más -dijo Friagho y tiró de la red para soltar a Sorana.

Temblando, la muchacha se incorporó y miró a Rackhir con recelo.

RackhIr le sonrió y le ordenó:

-Ven aquí, Sorana.

La muchacha se acercó a él y se quedó mirando su huesuda cara de halcón con los ojos desmesuradamente abiertos. Rackhir lanzó una carcajada, la levantó en brazos y se la echó al hombro.

-¡Tanelorn está a salvo! -gritó-. ¡Aprenderás a amar su paz junto conmigo!

Dicho lo cual comenzó a bajar la escalera que los barqueros habían echado por encima de la borda.

Abajo le esperaba Lamsar que lo recibió con estas palabras:

-Y ahora me vuelvo a mi ermita.

-Te doy las gracias por tu ayuda -dijo Rackhir-. Sin ella, Tanelorn ya no existiría.

-Tanelorn existirá mientras existan los hombres -dijo el ermitaño-.


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