Al rescate de Tanelorn (Michael Moorcock) - pág.21
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.. nos enviará Jadmar sus guerreros? -inquirió el mensajero con urgencia, pues muchos habían sido enviados a solicitar ayuda a las ciudades más cercanas.
-No lo sé -respondió Brut-, pero da igual, pues el ejército de pordioseros se encuentra a apenas tres días de marcha de Tanelorn, y las fuerzas jadmarianas tardarían dos semanas en llegar hasta aquí.
- ¿Y Rackhir?
-No sé nada de él, y aún no ha regresado. Tengo el presentimiento de que no volverá. Tanelorn está perdida.
Rachhir y Lamsar hicieron una reverencia ante los tres hombrecitos, sentados en la tienda, pero uno de ellos les dijo, impaciente:
-No os humilléis ante nosotros, amigos, pues nosotros somos más humildes que nadie.
Los dos hombres se incorporaron y esperaron a que volvieran a dirigirles la palabra.
Los Señores Grises daban por sentada la humildad, pero al parecer, ésa era su mayor ostentación, pues era para ellos motivo de orgullo: Rackhir se dio cuenta de que tendría que recurrir a la adulación sutil y no estaba seguro de poder hacerlo, pues él era guerrero y no cortesano ni diplomático. Lamsar también se dio cuenta de la situación y dijo:
-Señores, nos enorgullecemos de haber venido a veros para aprender las verdades más simples, que son las únicas verdades... las que vosotros podáis enseñarnos.
El portavoz sonrió modestamente y repuso:
-No somos quiénes para definir la verdad, lo único que podemos hacer es ofreceros nuestros pensamientos incompletos Quizá podrían resultaros interesantes o ayudaros a encontrar vuestras propias verdades.
-Así es -dijo Rackhir sin saber a ciencia cierta con qué estaba de acuerdo, pero juzgó que era lo mejor-. Nos preguntábamos si no tendríais alguna sugerencia que hacernos en relación con el asunto que nos preocupa.... la protección de Tanelorn
-Seríamos incapaces de mostrarnos tan orgullosos como para imponer nuestros criterios. No somos intelectos superiores - repuso e1 portavoz, imperturbable-. Además, no confiamos en nuestras propias decisiones; quién sabe si no pueden llegar a ser equivocadas o a fundamentarse en informaciones falsas.
-Ciertamente -dijo Lamsar, considerando que debía adularlos utilizando para ello la humildad de la que hacían gala-, y es una suerte para nosotros, Señores míos, que no confundamos el orgullo con el conocimiento, pues es el hombre callado, que observa y dice poco, quien más ve.
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