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Al rescate de Tanelorn (Michael Moorcock) - pág.12

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Llegaron a la escalera azul y comenzaron a ascender mirando hacia lo alto, pero no lograron ver nada. Ni siquiera intentaron preguntarse por qué invadían aquel edificio con tanta seguridad, pero actuaban de aquella manera porque les parecía lo más natural. No tenían otra salida. Aquel lugar les resultaba conocido, Rackhir lo notó, pero no supo precisar por qué. En el interior, encontraron un vestíbulo fresco y umbrío; una mezcla de oscuridad suave y de sol brillante entraba por las ventanas. El suelo era rosa perlado y el techo de un tono escarlata subido. El vestíbulo le recordó a Rackhir el seno materno.

Parcialmente oculto por las profundas sombras apareció un umbral y, más allá, otra escalera. Rackhir miró a Lamsar y le preguntó:

-¿Continuamos explorando?

-Es preciso que alguien responda a nuestra pregunta, si es posible.


Ascendieron la escalera y se encontraron en un vestíbulo más pequeño, similar al que habían visto abajo. Sin embargo, ese vestíbulo estaba amueblado con doce anchos tronos colocados en el centro y dispuestos en semicírculo. Contra la pared, junto a la puerta, había varias sillas tapizadas en tela púrpura. Los tronos, eran de oro y estaban decorados con plata fina y cubiertos con una tela blanca.

Una puerta se abrió detrás de los tronos, y apareció un hombre alto de aspecto frágil, seguido de otros cuyas caras eran casi idénticas. Sólo sus túnicas eran notablemente diferentes. Tenía el rostro pálido, casi blanco, la nariz recta y los labios finos, aun que no crueles. Sus ojos eran inhumanos, unos ojos moteados de verde que miraban fijamente con triste serenidad. El jefe de los hombres altos miró a Rackhir y a Larnsar. Hizo un movimiento con la cabeza y un gracioso ademán con su mano pálida, de largos dedos.

-Bienvenidos -dijo. Su voz era aguda y débil, como la de una muchacha, pero de hermosas modulaciones. Los once hombres restantes ocuparon los tronos, salvo el primero, el que había hablado, que permaneció de pie-. Sentaos, por favor -dijo.

Rackhir y Lamsar se sentaron en dos de las sillas color púrpura.


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