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Cuentos de mi Tía Panchita (Carmen Lyra) - pág.40

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Preguntó la causa de todo aquello y le contestaron que esa noche se casaba la hija del rey. Llamó a un criado y le dió cien pesos para que le llamara la viejita que había chineado a la princesa, quien lo quería mucho, y por supuesto el criado nos se hizo mucho de rogar. Vino la sirvienta y al ver al cotonudo se puso en un temblor. Lo llevó a un rincón y le contó que la princesa lo creía muerto, porque habían pasado varios años sin tener noticias suyas y que ahora el rey la obligaba a casarse con un príncipe muy viejo y más feo que un golpe en la espinilla. Le rogó que esperara allí un momento y corrió a avisar a su ama. A pesar de la emoción que le causó esta noticia, la princesa no se atarantó y dijo a su criada que por un pasadizo que sólo ellas conocían, lo llevara a la capilla y lo escondiera detrás de unas cortinas que estaban cerca del altar.
Por fin entraron los novios y los convidados a la capilla. El cotonudo, que no tembló ante la creciente, ni ante el tigre, ni el toro, no se podía sostener al ver a su princesa tan linda, que parecía una luna nueva con su vestido de novia. ¡Y qué feo y qué viejo era el hombre que se la quería quitar!
El señor obispo se acercó a los que se iban a desposar. Cuando preguntó a la niña: ¿Recibe por esposo y marido al príncipe don Fulano de Tal?, ella dió media vuelta, apartó la cortina, sacó a su cotonudo, y con voz muy clara dijo: -No, señor, al que recibo es a éste-. Y el señor obispo se vió obligado a echarles la bendición. Por supuesto, que aquello fue levantar un polvorín: la reina cayó con un ataque y el rey se puso como agua para chocolate, mandó que la cocinera trajera su vestido más tiznado y ordenó a su hija que se lo pusiera. Luego los echó puerta afuera. En ese momento pasaba un carbonero con su borriquito cargado de carbón que iba a vender a la próxima ciudad, porque otro día era el día de mercado. El rey hizo que quitaran al pobre hombre su borrico y sobre los sacos obligó a la princesa que se montara. Hecho esto, se metió en su palacio y les tiró la puerta encima.


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