Cuentos de mi Tía Panchita (Carmen Lyra) - pág.31
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A ver cuál queda mejor. Les doy un mes de plazo.
Volvieron los príncipes donde sus mujeres y les explicaron el deseo del rey.
Inmediatamente las princesas encargaron seda finísima y se pusieron a hilar. La mica no hizo nada, ni volvió a mentar la camisa. El marido la llamaba al orden, pero se hacía como si no fuera con ella y el príncipe se ponía cada vez más triste. El día de ir al palacio, lo despertó la mica muy de mañana; ya le tenía el caballo ensillado.
-¿Para qué me has ensillado mi bestia? No pienso ir adonde mis padres, porque no puedo llevarles lo que me pidieron.
Entonces ella le entregó dos semillas de tacaco.
-Aquí están las camisas- le dijo.
El muchacho no quería creer, pro la mica le dijo que si al abrirlas ante su padre no tenía lo que deseaba, él quedaría libre de ella.
Partió el príncipe y en el camino encontró a sus hermanos, que en cajas de oro, llevaban las camisas de un tejido de seda muy fino. Las costuras apenas si se veían y los botones eran de oro. Cuando el menor enseño sus semillas de tacaco, los mayores le hicieron burla. Al llegar ante el rey, se regocijó éste del trabajo de las dos nueras y se puso furioso cuando el otro le dió las semillas de tacaco. Como las cogió con cólera, las destripó y entonces de cada una salió una camisa de tela tan fina que una hoja de rosa se veía ordinaria a la par, y de una blancura tal, que parecía tejida con hebras hiladas del copo de la luna. Los botones eran piedras preciosas y las costuras no se podían ver ni buscándolas con lente. El rey y la reina casi se van de bruces y los hermanos salieron avergonzados y envidiosos.
Bueno-dijo el rey-. Estoy muy satisfecho del trabajo de vuestras esposas. Ahora que cada una me envíae un plato. Quiero ver cuál cocina mejor. Les doy una quincena de plazo.
El menor volvió muy contento donde su mica y le contó el nuevo capricho de su padre. La mica no volvió a mencionar el asunto, pero el príncipe esta vez esparó pacientemente. Eso sí, se sintió algo intranquilo cuando llegado el día, la vió coger para el cerco y volver con un gran ayote que echó a cocinar en la olla.
-Me le va a llevar esto a su tata- le dijo sacándolo y echándolo en un canasto.
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