Cuentos de mi Tía Panchita (Carmen Lyra) - pág.27
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Juan se compadeció y gritó:
-Componte, perinola.
Y la perinola que parecía un garrote se metió muy docilita en el saco. Había que ver las chichotas y cardenales que tenían en el cuerpo la madre y los hijos. Juan se paseaba muy gallo por entre aquellas palomitas y corderitos, que le miraban con toda humildad.
-Ahora, a comer, ordenó Juan, y extendió sobre la mesa renca la servilletica.
-Servilletica, por la virtú que Dios te dió, danos de comer.
Y la servilletica se volvió mantel y se cubrió de viandas exquisitas. Todos comieron y se chupaban los dedos. Juan mandó a repartir entre la vecindad y todavía quedó.
Enseguida cogió la cobija, la tendió en el suelo y dijo:
-Burriquito, por la virtú que Dios te dió, repáramos plata.
Y la bestia echó por el trasero, no cagajones, como la vez pasada, sino monedas de oro.
Después de eso la mujer tuvo que coger cama ocho días, tan mal parada había quedado con la garroteada; pero allí en la cama, mi señora parecía una madejita de seda.
Juan compró una casa grande, hermosísima y los pobres se acabaron en ese pueblo, porque Juan no dejaba que hubiera gente con necesidad.
A los chiquillos le sacaron las lombrices; se pusieron gordos y colorados; además se volvieron muy educados, porque Juan puso colgando en el gran salón y medio a medio, el saco de la perinola, con una pizquita de fuera, para que todo el mundo viera que allí estaba quien todo lo arreglaba.
Pero de eso hace ya muchos años, y quien sabe que se hicieron la servilletica, el burriquito y la perinola.
Y me meto por un huequito, y me salgo por otro, para que ustedes me cuenten otro.
abía una vez un rey que tenía tres hijos. Y el rey estaba desconsolado con sus hijos, porque los encontraba algo mamitas y él deseaba que fueran atrevidos y valientes. Se puso a idear cómo haría para sacarlos de entre las enaguas de la reina, quien los tenía consentidos como a criaturas recién nacidas y no deseaba ni que les diera el viento.
Un día los llamó y les dijo -Muchachos, ¿por qué no se van a rodar tierras? Le ofrezco el trono a aquel que venga casado con la princesa más hábil y bonita. Y lo mejor será que no digan nada a su mama, porque ¿quién la quiere ver, si ustedes chistan algo de lo que les he propuesto?
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