Cuentos de mi Tía Panchita (Carmen Lyra) - pág.23
Indice General
|
Volver
Página 23 de 99
Y al momento se puso a pensar que este burro tenía que ser de él.
Lo primero que hizo fue darle guaro a Juan para que se almadeara; luego lo llevó a acostarse. Pero en medio de la soca que se tenía, el pobre Juan no perdía del todo el sentido y no soltaba el mecate con que llevaba amarrado el burro. Al fin del cuento se privó y entonces el otro aprovechó la oportunidad para quitarle el burro y cambiárselo por otro muy parecido.
Al día siguiente muy de mañana, se puso Juan camino de su casa. Como estaba de goma y él de por sí no era muy observador, no se fijó en que le habían cambiado el animal. Bueno, el caso es que llegó a la casa y se metió con todo y burro. Como se sentía muy seguro, no hizo caso de los denuestos con que lo recibió la gallota de su mujer. Juan se fue derechito a la cama, quitó la cobijilla colorada llena de churretes de candela con que todavía estaban cobijados los chacalincillos, la tendió en el suelo e hizo que el burro se encaramara sobre ella. Luego gritó entusiasmado:
-Burriquito, por la virtú que Dios te dió, reparanos plata.
¡Y nada!
Volvió a decirle y nada. ¡Ayayay! ¿Qué era esto, María Santísima? Otra vez le gritó:
-Burriquito, que por la virtú que Dios te dió repararme plata.
Y lo que hizo el animal fue una buena gracia sobre la cobija. Por supuesto que eso fue el colmo. La mujer le tiró encima los tizones y luego los chiquillos cogieron los cagajones del burro y lo agarraron a cagajonazos.
Al pobre Juan le faltaron pies para salir corriendo. Y, lejos, se sentó a recapacitar. ¿Pues y ésto qué será? ¿Será que Tatica Dios de veras se había querido burlar de él? No podía ser; Nuestro Señor no es de bromas, y menos con un triste como él. Entonces decidió volver allá arriba, al lugar en donde se le había aparecido. Quién quita que se le apareciera otra vez y le pusiera en claro aquello...
Juan volvió a tomar el camino, anda y anda. Por fin llegó, ya oscureciendo, cansado, con hambre y todo achucullado. ¡Qué hombre más torcido era él, que hasta con Tatica Dios le iba mal! Se sentó, y no fue cuento, sino que largó el llanto, allí en la soledad, donde nadie lo podía ver.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-99
|