Historia de la Conquista del Perú y de Pizarro (Henri Lebrún) - pág.49
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fueron su consecuencia costaron la vida a no pocos soldados. Informado
Pizarro del triste estado en que se hallaban las cosas, apresurose a
partir para Cuzco: hizo el viaje con una rapidez sorprendente, y su
presencia bastó, siquiera por el momento, para restablecer el orden.
La reconciliación entre Pizarro y Almagro no había sido sincera. Éste
no podía olvidar la conducta de su consocio cuando su viaje a España; y
fuerza es confesar que habíase portado con él con perfidia e ingratitud.
La política y el interés común habían traído una reconciliación; pero
Almagro se acordaba siempre de que había sido engañado, y deseoso de
vengarse, aguardaba tan sólo la oportunidad de hacerlo. Cada [89] uno de
los dos jefes estaba rodeado de subalternos interesados en lisonjearlos,
quienes con el arte y la maldad propias de esta clase de hombres, agriaban
sus mutuos recelos, y hacían que las más ligeras faltas fuesen tomadas
como insultos los más graves. A pesar de esto se temían el uno al otro, y
ninguno de ellos se creía bastante fuerte para llegar a un rompimiento.
Pizarro, con una mezcla de dulzura y de firmeza, insistiendo con energía
en los funestos efectos que tendrían aquellas disputas para el bien de
todos y para su interés personal, y calmando el enojo de Almagro con
protestas y promesas, logró hacerle renunciar a sus proyectos de ambición
y de independencia. Así pues verificose una nueva reconciliación; pero
Pizarro, para quien Almagro era siempre un rival peligroso, quiso alejarle
de Cuzco, ocupándole en algo. Presentole la conquista de Chile como una
empresa digna de sus esfuerzos, y para más determinarle a intentarla, le
prometió que si esa conquista no correspondía a sus esperanzas, le
indemnizaría cediéndole una parte del Perú. Almagro se apresuró a aceptar
esta propuesta, que inflamando su ambición, caldeó su natural ardor por
las expediciones y las aventuras; y como para los españoles no tenía
límites la idea que se habían formado de las riquezas y la extensión de
aquellas comarcas, Almagro se lisonjeó de conquistar provincias muy
superiores, [90] bajo todos conceptos, a las sometidas hasta entonces.
Empezaron al momento los preparativos de la expedición, y como el número
de los aventureros había aumentado considerablemente, Almagro reunió en
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