Las muertes concentricas (Jack London) - pág.11
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Por qué mi lealtad se premia así, no entiendo. Sin embargo, nopuedo faltar a la confianza puesta en mí, ni a la palabra dada. Ahora leguélos muchos millones que recibí a sus poseedores legítimos. Que los robustoshijos de Eben Hale obren su propia salvación. Antes que leas esto, habrémuerto. Los Sicarios de Midas son todopoderosos. La policía es impotente. Supepor ella que otros millonarios han sido multados y perseguidos del mismo modo.¿Cuántos?, no se sabe, pues si uno cede a los Sicarios de Midas, su boca quedasellada. Los que no cedieron aún, están recogiendo su cosecha escarlata. Eltorvo juego sigue hasta el fin. El Gobierno Federal no puede hacer nada.También entiendo que organizaciones similares han hecho aparición en Europa.
La sociedad está sacudida hasta sus cimientos. En vez de las masas contra lasclases, es una clase contra las clases. Nosotros, los guardianes del progresohumano, somos elegidos y golpeados. La ley y el orden han fracasado. Lasautoridades me suplicaron que guardara este secreto. Lo hice, pero ya no puedocallarlo. Se ha transformado en cuestión de importancia pública, llena detremendos peligros y consecuencias, y mi deber es informar al mundo, antes deabandonarlo.
Tú, John, por mi último pedido, publica esto. No temas. El destino de lahumanidad está en tu mano ahora. Que la prensa tire millones de ejemplares,que la electricidad lo difunda por el mundo, que donde los hombres seencuentren y hablen, hablen de ello temblando de terror. Y entonces, cuandoestén bien despiertos, que la sociedad se alce con toda su potencia y arrojede sí esta abominación.
Tuyo, en largo adiós
Wade Atsheler.
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