Las muertes concentricas (Jack London) - pág.10
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Creímos juicioso ocultar la verdad.
Apenas dejé esa cámara de muerte, cuando -pero demasiado tarde- recibí lacarta siguiente:
Oficina de los Sicarios de Midas, 17 de febrero, 1900.
Señor Eben Hale, plutócrata.
Muy señor nuestro:
Usted perdonará nuestra intrusión, tan poco después del triste evento deanteayer; pero lo que deseamos decirle puede ser de grandísima importanciapara usted. Se nos ocurre que usted pueda intentar escapársenos. No hay sinoun camino, en apariencia, como usted sin duda lo habrá descubierto. Peroqueremos informarles que aun este único camino le está cerrado. Usted puedemorir, pero reconociendo su fracaso. Tome nota de esto: Somos parte y porciónde sus posesiones. Con sus millones pasamos a sus herederos y cesionarios parasiempre.
Somos lo inevitable. Somos la culminación de la injusticia industrial ysocial. Nos volvemos contra la sociedad que nos creó. Somos los fracasostriunfantes, los azotes de una civilización degradada. Somos las criaturas deuna perversa selección social; combatimos a la fuerza con la fuerza. Sólo losfuertes perdurarán. Creemos en la supervivencia de los más aptos. Habéishundido en la miseria a vuestros esclavos a sueldo y habéis sobrevivido. Loscapitanes de guerra, a vuestras órdenes, fusilaron como a perros a vuestrosobreros en tantas huelgas sangrientas. Por tales medios habéis durado. No nosquejamos del resultado, porque reconocemos y tenemos nuestro ser en la mismaley natural. Ahora surge la cuestión: Bajo el presente medio social, ¿quiénde nosotros sobrevivirá? Creemos ser los más aptos. Vosotros creéis ser losmás aptos. Dejamos la eventualidad al tiempo y a Dios.
CordialmenteLos Sicarios de Midas.
John, ¿te sorprendes ahora de que yo haya huido de placeres y amigos? Pero,¿para qué explicar? Este relato aclarará todo. Hace tres semanas murió AdelaideLaidlaw. Desde entonces aguardé con esperanza y miedo. Ayer se abrió eltestamento y se hizo público.
Hoy fui notificado que una mujer de clase media sería muerta en el ParquePuerta de Oro, en el lejano San Francisco. Los diarios de esta noche dan losdetalles del crimen, que corresponden a los que yo conocía.
Es inútil. No puedo luchar contra lo inevitable. He sido leal al señor Hale ytrabajé duro.
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