Las muertes concentricas (Jack London) - pág.7
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El éxito, dijo, dependía del silencio.
Como tú sabes, John, el señor Hale era hombre de hierro. Rehusaba rendirse.Pero, oh John, esa fuerza ciega en la oscuridad era terrible. No podíamosluchar, ni hacer planes, ni nada, sólo contener las manos y esperar. Semanatras semana, cierta como la salida del sol, venía la notificación y la muertede alguna persona, hombre o mujer, inocente de todo mal, pero tan muerta pornosotros como si la matáramos con nuestras propias manos. Una palabra delseñor Hale, y la matanza habría cesado. Pero él endureció su corazón y esperó;sus arrugas se ahondaron, sus ojos y la boca se afirmaron en severidad, y lacara envejeció. No hay ni qué hablar de mi sufrimiento en ese tremendoperíodo.
Encontrarás aquí las cartas y los telegramas de los Sicarios de Midas y losartículos de los diarios.
También encontrarás las cartas advirtiendo al señor Hale de ciertasmaquinaciones de enemigos comerciales y manipulaciones secretas con acciones.Los Sicarios de Midas parecían tener acceso a la intimidad de los negocios yde la finanza. Nos comunicaban informaciones que ni siquiera nuestros agentesconseguían.
Una nota de ellos, en el momento crítico de un trato, ahorró al señor Halecinco millones. En otra ocasión nos mandaron un telegrama que impidió que unanarquista exaltado quitara la vida a mi jefe. Capturamos al hombre en cuantollegó y lo entregamos a la policía, que le encontró encima un poderoso y nuevoexplosivo como para hundir un barco de guerra.
Persistimos. El señor Hale esta resuelto a todo. Desembolsaba a razón de cienmil dólares semanales en servicio secreto. La ayuda de Pinkerton, de Holmes yde un sinnúmero de agencias particulares fue requerida; miles de hombresfiguraban en nuestras listas de pago. Nuestros pesquisas pululaban pordoquier, en todos los disfraces, investigando todas las clases sociales.Seguían millares de claves y pistas; centenares de sospechosos eran detenidos;y miles de otros sospechosos eran vigilados; nada tangible salió a luz. Parasus comunicaciones, los Sicarios de Midas continuamente de método de envío.
Cada mensajero que mandaban era arrestado de inmediato. Pero siempre éstosdemostraban ser inocentes, mientras que sus descripciones de las personas quelos enviaban nunca coincidían.
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