Las muertes concentricas (Jack London) - pág.2
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Ni una acción de compañía, ni un penique al contado, fueron legados a losparientes del muerto. Y en cuanto a su familia más cercana, una asombrosacláusula establecía expresamente que Wade Atsheler entregaría a la esposa ehijos de Hale cualquier cantidad de dinero que a su juicio le parecieraconveniente, en el momento que quisiera. Si se hubieran producido escándalosen la familia Hale, o sus hijos fueran díscolos o irrespetuosos, habríahabido alguna excusa para esta inusitada acción póstuma; pero la felicidaddoméstica del difunto había sido proverbial, y era difícil encontrar progeniemás sana, más pura y más sólida que sus hijos e hijas, mientras que a suesposa, quienes mejor la conocían la apodaban "Madre de los Gracos", concariño y admiración. Inútil es decirlo, este inexplicable testamento fue eltema general por nueve días, y hubo una gran sorpresa cuando no se produjodemanda alguna.
Ayer apenas, Eben Hale entró en reposo eterno en su mausoleo. Ahora, WadeAtsheler ha muerto. La noticia apareció en los diarios de esta mañana. Acabode recibir una carta suya, echada al correo, evidentemente, sólo una horaantes del suicidio. Esta carta que tengo a la vista es una narración, de supuño y letra, en la que intercala numerosos recortes de diarios y copias decartas. La correspondencia original, me dice, está en manos de la policía.También me suplica divulgar la incontenible serie de tragedias con las queestuvo inocentemente relacionado, para advertir a la sociedad contra eldiabólico peligro que amenaza su existencia.
Incluyo aquí el texto por entero: Fue en agosto, 1899, después de regresar del veraneo, que recibimos la primeracarta. No comprendimos entonces; no habíamos acostumbrado nuestra mente a tantremendas posibilidades. El señor Hale abrió la carta, la leyó y la echó sobremi escritorio, con una carcajada.
Cuando la hube recorrido, también reí, diciendo: "Es broma lúgubre, señorHale, y de pésimo gusto." He aquí, querido John, un duplicado exacto de esacarta.
Oficina de los Sicarios de Midas, 17 de agosto, 1899.Señor Eben Hale, plutócrata.
Muy señor nuestro:Queremos obtener al contado, en la forma que usted decida, veinte millones dedólares. Le requerimos que nos pague esta suma, a nosotros o a nuestrosagentes; usted notará que no especificamos tiempo, pues no deseamosapresurarlo en este detalle.
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