Magallanes (Stefan Zweig) - pág.45
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Este hombre, Ruy Faleiro, con quien parece intimar de día en día, por lo inquieto y nervioso, por su fogoso intelectualismo y la vehemencia de su temple, presuntuoso y pendenciero como es, no se diría apto para congeniar con el navegante guerrero, silencioso, contenido, impenetrable. Pero las dotes de los dos hombres, a los que pronto se ve como inseparables, precisamente porque son los dos polos, dan por resultado una cierta armonía que necesariamente será breve. Como para Magallanes la aventura del mar y la investigación práctica del mundo terrestre, son para Faleiro lo más apasionante las noticias abstractas del cielo y de la tierra. En calidad de teórico puro y de estudioso que no ha pisado los barcos, que no ha salido
de Portugal, y sólo sabe de la tierra a través de los cálculos, libros, tablas y mapas, conoce Ruy Faleiro los lejanos derroteros del cielo y de la tierra, y en esta esfera abstracta, como cartógrafo y astrónomo, es considerado la más alta autoridad. No sabe armar una vela, pero tiene un sistema de su invención para calcular las longitudes, que, aunque defectuoso, abarca todo el globo y prestará decisivos servicios a Magallanes, andando el tiempo. No ha gobernado nunca un timón, pero los mapas oceanográficos, los portulanos, los astrolabios y otros instrumentos construidos por su propia mano parecen haber sido los más perfectos auxiliares de la navegación en su época. Magallanes, el práctico ideal, cuyas universidades fueron la guerra y la aventura, que no sabe más del cielo y de la tierra que lo que en sus viajes ha aprendido, pudo sacar inmensa utilidad de la frecuentación de aquel especialista. Precisamente porque son como dos polos opuestos en sus dotes e inclinaciones, se completan ambos felizmente, como siempre se han completado el cálculo y la experiencia, la idea y la acción, el espíritu y la materia.
Pero en este caso particular hay, además, la comunidad de destino. Estos dos portugueses extraordinarios han sido ofendidos en las convicciones por su soberano y se les ha impedido realizar la empresa de su vida. Ruy Faleiro aspira desde hace años al cargo de astrónomo real, Y nadie se hallaría en tierra portuguesa con derecho tan bien adquirido a tal aspiración. Pero, como Magallanes con su reservado orgullo, Ruy Faleiro parece tener ofendida a la corte con su condición impulsiva, nerviosa, pronta, y que se molesta fácilmente. Sus contrarios le tachan de majadero y, para deshacerse de él por medio de la Inquisición, propagan la sospecha de que Faleiro util iza en sus trabajos fuerzas del espíritu más allá de lo natural y debe de estar aliado con el demonio.
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