El candelabro enterrado (Stefan Zweig) - pág.39
Indice General
|
Volver
Página 39 de 86
De pronto relucía en su ajado rostro de anciano algo del niño que había sido en aquella noche. Alisáronse las arrugas, los labios se abrieron suaves, y la ligera sonrisa parecía pasar de su boca sobre el cuerpo entero que, inclinado sobre sí mis-mo, escuchaba hacia adentro.
Por ultimo fijóse alguien en el anciano, y se avergonzó de su propia irritación. Quedóse respetuosamente parado y tocó despacio el próximo. Calláronse uno tras otro y todos miraban entonces sin respirar al viejo, cuya sonrisa flotaba como una nube blanca sobre su obscuro dolor. Hizose un silencio como entre los muertos debajo de la tierra, a cuyas tumbas rodeaban sombreándolas. Sólo por el silencio absoluto sintió Benjamín que todos lo miraban. Se levantó con dificultad, pues ya era decrépito, de la piedra rota en que había estado sentado; a todos les pareció de repente robusto como nunca, así como entonces lo veían, con el rostro circundado de mechones argentinos, el cabello ardiente como llama blanca por debajo del gorrito de seda. Nunca sintieron tan íntimamente como en esa hora que Marnefesh, el amargamente probado, también era un mensajero, Mas Benjamín comenzó, y había en su palabra la devoción de una plegaria:
-Ahora sé por qué Dios me conservó hasta esta hora. Siempre me preguntaba por qué rompía inútil el pan, por qué me esquiva la muerte, a mí, anciano, cansado e inservible, que ya no anhela sino el silencio. Ya me desalentaba, pues demasiado sufrimiento vi en nuestro pueblo y se cansó mi esperanza. Pero ahora comprendo que aun me estaba destinado algo en esta vida. Yo vi el principio; ahora me llama el fin.
Respetuosos atendieron los demás a la oscuridad de su hablar. Finalmente preguntó uno en voz baja al superior:
-¿Qué piensas hacer?
-Creo que Dios sólo me guardaba tanto tiempo la vida y la luz de los ojos para que vuelva a ver el candelabro. Debo irme a Bizancio. Lo que no consiguió el niño -rescatar lo sagrado para nosotrosquizás lo logre el anciano.
Todos vibraban de emoción e impaciencia. To-dos consideraban en verdad, increíble que ese frágil anciano pudiese recuperar el candelabro del más poderoso emperador del mundo, y sin embargo, embriagaba la fe en el milagro. Uno sólo preguntó receloso:
-¿Cómo habrías de resistir tan largo viaje? Piensa que son tres semanas sobre el mar invernal. Temo que no seas suficientemente fuerte para soportar tal fatiga.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-86
|