Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El candelabro enterrado (Stefan Zweig)

El candelabro enterrado (Stefan Zweig) - pág.30

Indice General | Volver

Página 30 de 86


Pero por más prisa que se daban, consideraba el impaciente capitán que su servicio no era suficientemente rápido y por eso obligaron los guardianes de los vándalos a los esclavos con latigazos a apresurar más y más sus pasos. Ahora que paraba el último carro junto a la barca; era el mismo que los ancianos y el niño habían seguido durante la noche, y que conducía el candelabro del templo. Su carga estaba cubierta todavía con pajas y trapos, pero los ancianos fijaron su ardiente mirada sobre el carruaje repleto, y temblando esperaron que se descubriera. Era ése el momento de la decisión: entonces o nun-ca había de producirse el milagro.
Pero el niño no miraba como ellos. Como encantado admiró el mar que veía por primera vez. Allá estaba. un infinito espejo azul, brillantemente arqueado hasta la cortante línea donde las aguas to-can al cielo, y más amplio aún parecíale aquel espacio enorme que la cúpula de la noche en la que por primera vez había visto la ronda eterna de las estrellas en el cielo abovedado. Miraba hechizado cómo las olas jugaban unas con otras, como se perseguían, cómo una saltó sobre la espalda de otra y luego se escurría espumosa con una ligera, chasqueante risa de petulancia, para formarse una y otra vez de nuevo: y presintió en ese juego bienaventurado una alegría como jamás se había atrevido a soñarla en la herrumbrada sombra de su angosta callejuela de pobres. Su estrecho pecho infantil se tendió poderosamente y anhelaba ensancharse, hacerse fuerte y grande para embeberse de aire y mundo, y sentir el halo de ese goce hasta muy adentro de su sangre judía, intimidada. El niño sintió irresistible deseo de adelantarse hasta junto al líquido, de abrir sus pequeños brazos para apretar cuando menos un soplo comprensivo de ese infinito contra el propio cuerpo; sentíase interiormente elevado al contemplar tal belleza y claridad, y dichoso como nunca. ¡Oh, cuán cándido era todo aquí, cuán libre y exento de temores! Como proyectiles blancos abalanzábanse y levantábanse las gaviotas, las hermosas embarcaciones hinchaban suaves y sedosas sus velas en el viento. Y de repente, cuando el niño reclinó la cabeza, con los ojos cerrados, para embeber más profundamente el fresco aire salado, recordó la primera palabra que había aprendido: ¡Al principio creó Dios el cielo y la tierra! Y por primera vez le resultó con sentido y forma el nombre de Dios que el día anterior habían pronunciado los padres, los ancianos.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-86  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados