El candelabro enterrado (Stefan Zweig) - pág.27
Indice General
|
Volver
Página 27 de 86
Pues ved, os digo en verdad a todos: yo también, a pesar de lo mucho que me resisto, yo también disputo con Dios sin cesar, yo también sigo preguntando, a mis ochenta años. día a día, lo que este niño inocente: ¿por qué Dios impele justamente a nosotros a tan profundo pesar? ¿Por que tolera que se nos quiten nuestros derechos, y aun ayuda a quien nos roba? Y una y mil veces me golpeo yo el pecho con el puño, avergonzado, no logro suprimir y aplastar ese grito interrogante. No fuera judío ni hombre si no me mortificase a diario esta pregunta, que sólo la muerte enmudecerá en mis labios.
Los demás ancianos se estremecieron. Jamás habían visto tan tumultuoso a Kal ve Nake, el puro y claro, el siempre justo. Esa acusación debía haber surgido de lo más hondo de su ser, que de ordinario mantenía reservado, y pareció extraño a todos tal como ahora lo veían, temblando todo él en la demasía del dolor, y separando avergonzado la vista del niño, que alzó sorprendido los ojos avizores hacia él. Mas ya se había recogido Rabbi Eliéser, e inclinándose de nuevo sobre el niño, lo calmó:
-Perdona que haya hablado a ellos y a otro superior a todos nosotros, en lugar de contestarte. Tú me has preguntado, mi niño, desde la candidez de tu corazón: ¿Por que tolera Dios semejante crimen contra nosotros y contra El? Y yo te contesto desde la simpleza de mi espíritu tan sincero como puedo, y te digo: no lo sé. Pues ignoramos los propósitos de Dios y no sospechamos sus pensamientos, pero ca-da vez que disputo con El en la torpeza de mi dolor y en el exceso de nuestro sufrimiento común, trato de consolarme diciéndome: Quizás tiene un significado ese dolor que nos atribuye, quizás pagamos cada uno de nosotros una falta ¿Quién puede señalar al que la cometió? Quizás fue Salomón el sabio, imprudente cuando levantó el templo en Jerusalén, como si Dios fuese un hombre ansioso de tener un hogar en un lugar único y entre un sólo pueblo. Quizás era pecado haberle construido una casa con tanta magnificencia, como si el oro fuese más que la devoción y el mármol más que la consistencia y constancia anterior. Quizás fue contra la voluntad de Dios que pretendíamos ser un pueblo judío como los demás y tener una patria y un hogar para decir que este país es nuestro, para decir: nuestro templo, y nos ha arrancado de la patria para que no fijemos nuestros sentidos.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-86
|