El candelabro enterrado (Stefan Zweig) - pág.26
Indice General
|
Volver
Página 26 de 86
El niño continuaba callado. Y Rabbi Eliéser, el puro y claro, sintió una resistencia en el silencio in-mutable del niño. Inclinóse, pues, sobre él y preguntó:
-¿Me entendiste?
Siguió tenaz la nuca del infante.
-No -dijo, terco- no lo entiendo. Pues si... nos es tan caro y tan sagrado el candelabro... ¿por qué nos lo dejamos quitar?
El anciano suspiró.
-Preguntas bien, mi niño. ¿Por qué nos lo deja-mos quitar? ¿Por qué no lo defendemos? Pero sólo más tarde comprenderás que en este mundo el derecho se pone del lado del más fuerte y no de los justos. La fuerza siempre impone su voluntad en la Tierra, y la piedad no tiene poder terrenal. Sólo he-mos aprendido de Dios a sufrir injusticias y no a imponer el derecho a la fuerza, con el puño.
Rabbi Eliéser dijo estas palabras con la cabeza baja y mientras seguía caminando. Pero de pronto soltó el niño violentamente la mano de la suya y se quedó parado. A boca de jarro, y casi imperiosamente, preguntó el niño ardiente al anciano:
-Pero Dios, ¿por qué tolera ese robo? ¿Por qué no nos ayuda? ¿No dijiste que era el Justo y el Omnipotente? ¿Por qué se pone del lado de los ladrones y no del de los justos?
Todos se aterraron. Todos quedaron parados, y al mismo tiempo se les detuvo el corazón en el pecho. La pregunta del niño había rajado el vacío de la noche como una fanfarria, como si ese niñito solo declarara la guerra a Dios. Y encolerizado -pues se avergonzaba de su sangre- retó Abthalion a su nieto:
-¡Calla y no blasfemes!
Pero Rabbi Eliéser laceró sus palabras:
-¡Calla tú primero! ¿Por qué rezongas contra el niño inocente? Pues nada más preguntó su cándido corazón, que lo que a diario y hora a hora nos preguntamos tú y yo, y todos nosotros, y los sabios de nuestro pueblo, desde los primeros comienzos. El niño sólo pronunció la vieja pregunta judía: ¿Por qué nos prueba Dios tan duramente, tan luego a nosotros, que le servimos como ningún otro pueblo? ¿Por qué tira justamente a nosotros bajo las suelas de los demás, para que nos pisoteen, a nosotros que fuimos los primeros en reconocerle y loarle en la impenetrabilidad de su ser? ¿Por qué destruye cuanto nosotros edificamos, por qué aniquila lo que anhelamos, por qué nos quita el refugio dondequiera que descansemos, por qué azuza pueblo tras pueblo contra nosotros con odio eternamente renovado? ¿Por qué nos prueba tan duramente, siempre sólo a nosotros, a los que primero eligió y a los que primero reveló su misterio? No, yo no mentiré delante de un niño, pues si su pregunta es blasfema, entonces yo mismo soy blasfemo cada día de mi vida.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-86
|