Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.217
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¡Llegamos a Belén!
Desde niño se ha soñado con ver el Amazonas, el más grande de todos los ríos; desde niño, desde que se leyó por vez primera el nombre de Orellana, quien afrontando la aventura más memorable, fue el primero en descender este río en una canoa; desde niño, cuando se admiró en el jardín zoológico a los papagayos, que hacían gala de sus miles de colores, y a los ágiles monos, y en el letrero estaba escrita la palabra: ¡Amazonas! Ahora estamos junto a su desembocadura, por mejor decir, una de sus desembocaduras, cada una de las cuales es más ancha que cualquier de nuestros ríos.
Belén mismo no parece, al pronto, tan impresionante como se espera, porque no está situado directamente sobre el río y porque no lo domina. Sin embargo, es ciudad hermosa, llena de animación, espaciosa de proporciones y adornada con bulevares anchos, plazas grandes e interesantes palacios antiguos. Hace cuarenta o cincuenta años, Belén tuvo hasta la ambición de llegar a ser metrópoli moderna, tal vez la capital del Brasil: fue cuando se inició el gran boom de la goma, cuando el norte del Brasil tenía todavía el monopolio de la hevea bresiliensis. Por ese entonces, las bolas negras de caucho se trocaron con fantástica velocidad en oro, del que había abundancia en la ciudad. Por ese entonces se construyó en Belén, lo mismo que en Manaos, una ópera lujosa, que en la actualidad apenas si sirve para algo. Esperando en la plaza grande para recibir dignamente a los Carusos anhelados, surgieron hileras de casas elegantes y pareció que, gracias al «oro líquido», el centro de la economía volvería a encontrarse, como antes, en el norte. Luego, se produjo una baja bastante brusca, las compañías internacionales, las casas de comercio, de fueron reduciendo o desaparecieron. A partir de entonces, Belén es lo que era antes, gran ciudad animada, pero relativamente tranquila. Sin embargo, se tiene la sensación de la inminencia de una nueva reanimación en cuanto termine la guerra. Porque, gracias a su situación geográfica privilegiada, ha llegado a ser el punto de partida para todos los servicios aéreos imaginables. De aquí se sale hacia el Norte: a Cuba, Trinidad, Miami y Nueva York; hacia el Oeste: a Manaos, remontando el Amazonas, a Perú y Colombia; hacia el Sur: a Río de Janeiro, Santos, São Paulo, Montevideo y Buenos Aires; y hacía el Este: a Europa y África.
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