Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.210
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Los primeros lo hicieron aún con devoción y humildad, con la respetuosa intención de efectuar un servicio religioso, inclinándose delante del altar y haciendo la señal de la cruz antes de iniciar la tarea. Mas al cabo de poco tiempo, los otros, que también intentaban servir al santo, no se contuvieron ya; la impaciencia de la espera, los gritos y el regocijo les extasiaron. Y, de repente, se produjo en el centro de la iglesia una barahúnda como de centenares de demonios negros. Se arrebataron las escobas; dos, tres, diez individuos pasaron por la iglesia asidos de un mismo palo; otros, que no tenían escoba, se echaron al suelo y fregaron las baldosas a mano, y todos lanzaron gritos de ¡viva Bomfim!, los niños, en voz débil y aguda, las mujeres, los hombres... Eran esos gritos de placer sensual el más impresionante histerismo colectivo que he visto. Una moza, de genio apacible y reservado, se separó de repente de los suyos, alzó las manos y, con gesto de arrobamiento gozoso de bacante, dio gritos estridentes de ¡viva Bomfim, viva Bomfim!, hasta quebrársele la voz. Otra, desmayada de tanto gritar y exaltarse, fue sacada del recinto. Mientras tanto, los demonios enloquecidos seguían fregando, frotando y barriendo, como si intentaran sacarse sangre de debajo de las uñas. Aquellas escobadas, a la vez religiosas y deleitables, eran de tal fuerza, embriagadora y contagiosa que yo no sé si, de haberme encontrado entre aquellos exaltados, no habría agarrado una de las escobas. A decir verdad, fue el primer enloquecimiento colectivo que vi, y que me pareció tanto más inverosímil cuanto que ocurrió en una iglesia, sin alcohol, sin música, sin estimulantes, en pleno día y bajo un cielo glorioso.
El misterio de Bahía consiste, precisamente, en que en su sangre se ha conservado, desde los antepasados, el maridaje misterioso de lo religioso y lo deleitoso, y en que la expectación o la excitación monótona produce, precisamente, en los negros y mestizos aquella disposición para el éxtasis. Bahía es -no por mero acaso- la ciudad de los candombes y las macumbas, donde se cultiva una curiosa mezcla de fanatismo por lo católico y antiquísimos ritos sangrientos de los pueblos africanos. Mucho se ha escrito sobre las macumbas, y todos los extranjeros alardean de haber visto una «auténtica» por mediación de algún amigo íntimo. En realidad, lo particular y singular de esos ritos -a pesar de que los negros tuvieron que practicarlos a escondidas de la policía- ha llegado a tener el valor de curiosidad, dando lugar a escenificaciones seudoauténticas, como lo son en la India las representaciones de los yoghis contratados por Cook para los extranjeros.
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