Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.207
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Las familias pertenecientes a la burguesía alquilan los pequeños albergues que rodean la espaciosa plaza; se hacen visitas, se charla, se come en compañía de los amigos, mientras la plaza rectangular, en el centro, queda reservada para los millares de hombres y mujeres que, desde el oficio de la noche, hasta la misa del alba, se reúnen con este motivo religioso, con regocijo y desembarazo, a la blanca y débil luz de las estrellas. Toda la fachada de la iglesia está iluminada con lámparas eléctricas, y a la sombra, bajo las palmeras, se construyen innumerables carpas, donde se ofrece de comer y de beber; en la hierba, delante de sus hornillos, están sentadas las mujeres negras de Bahía, sirviendo al público las mil clases de bocados baratos, y detrás de ellas, en medio de la animación, duermen sus criaturas, envueltas en sábanas blancas. Los tiovivos dan vueltas. Paseos, bailes, charlas, música. Toda la noche y todo el día el pueblo acude en masa para rendir al patrono el homenaje, tanto de la misa como de su alegría libre de preocupaciones. Mas la ceremonia propiamente dicha, inolvidable, de esta semana, es la limpieza de la iglesia, el lavagem do Bomfim. El origen de esta ceremonia es característico para Bahía. La iglesia de Bomfim estaba destinada originariamente a los negros. Parece que una vez un sacerdote dijo a los fieles que sería conveniente hacer una limpieza general y lavar el pavimento de la iglesia la víspera de la fiesta del santo. Los cristianos negros lo aceptaron de buen grado; ¡qué oportunidad para esas almas verdaderamente devotas de dar al santo aquel testimonio de su amor y su respeto! Es natural que quisieran barrerla y fregarla lo mejor que pudieran; todos acudieron el día señalado para participar del honor de limpiar la casa del bondadoso Senhor do Bomfim. Este empeño verdaderamente religioso fue el comienzo de aquella ceremonia, Mas, dados sus sentimientos infantiles y su ingenuidad, la limpieza de la iglesia fue tomando (como cualquier acto religioso) el carácter de fiesta. Fregaban y barrían a cual más, como si intentaran lavar sus propios pecados; acudían a centenares, a millares, de todas partes, y el número de participantes aumentaba de año en año. De esta suerte, la tradición religiosa se convirtió en fiesta popular, tan briosa y tan extática que escandalizó al clero, quien la suprimió. Pero la voluntad del pueblo exigió su fiesta con tal insistencia que se volvió a permitir el lavagem do Bomfim.
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