Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.202
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Esta tradición se observa por todas partes. Bahía, a diferencia de las demás ciudades del Brasil, tiene traje, cocina y colores propios. En ninguna parte se ven en las calles tantos colores como aquí, donde la población africana, la de la época colonial, se ha conservado como conjunto; se le figura a uno ver de continuo las escenas de Brésil pittoresque, por De-bret, en forma de cuadros animados; todas esas cosas de antaño, que hace mucho han desaparecido de las otras grandes ciudades. Hay, sí, automóviles, que pasan con el escape abierto por las calles, pero en los barrios antiguos se ven mulas de carga que llevan frutas y maderas en albardas que van de un lado para otro, y se pueden alquilar acémilas por hora como automóviles en una ciudad moderna, y, en el puerto, la carga es llevada a los barcos, como en tiempo de los romanos y de los fenicios, no por medio de grúas hechas con arte, sino sobre los hombros de los cargadores. Los vendedores ambulantes, con su sombrero de paja de ala ancha, llevan a cuestas, a guisa de una balanza muy grande, un palo de cuyos extremos pende la mercadería; en el mercado nocturno, a la luz de velas o de lámparas de acetileno, los vendedores están sentados en el suelo entre montones de naranjas, calabazas, bananas y cocos. Mientras los transatlánticos, grandes e imponentes, están amarrados a los muelles, los buques de vela, estrechos, esbeltos y ligeros, que van hasta las islas, cabecean todavía junto a la playa, bosque de mástiles que se mecen. Y se ven hasta jangadas, especies de yolas de los aborígenes del Brasil, que constituyen piezas rarísimas. En realidad, se trata de una balsa de tres o cuatro troncos unidos sin arte, con un asiento estrecho. No se puede. imaginar cosa más primitiva. Sin embargo, la gente se atreve a salir muy lejos en estas pequeñas balsas, y se refiere el divertido episodio de un vapor norteamericano que, al divisar a una de estas balsas con su mezquina vela a mucha distancia de la costa, no tardó en acudir en auxilio de los que el capitán suponía náufragos. El hoy y el ayer, todo presenta aquí una mezcla de miles de colores. Ahí tenemos la vieja Universidad, con su Facultad renombrada, la más vieja del país, y ahí tenemos la Biblioteca, el Palacio, los hoteles y el moderno club deportivo.
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