Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.201
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Aunque las ciudades de más reciente fundación -Río de Janeiro, Montevideo, Santiago de Chile y Buenos Aires- son más ricas, más poderosas y más modernas, Bahía tiene su historia, su cultura y su forma de vida propias. De todas las ciudades del Brasil, ha sido la que más fielmente guardó la tradición., Sólo por sus piedras y por sus calles se alcanza a comprender la historia del Brasil; sólo aquí se comprende cómo Portugal se transformó en el Brasil.
Bahía es una ciudad que conserva, ciudad de la fidelidad; no solamente ha protegido sus viejos monumentos contra la precipitada invasión de lo nuevo, sino que ha conservado, exteriormente, su fisonomía e, interiormente, su tradición a través de los siglos, con voluntad inquebrantable. El viajero que llega por mar, la ve igual que en tiempos de los emperadores y de los virreyes: por abajo, el puerto, indiferente, con sus calles, repetidamente modernizadas, de los comercios, pero por encima, la cabeza pétrea, la ciudad resumida en bastión, que espera al visitante con serenidad y orgullo. Allí arriba los colonos se reunieron, hace cuatrocientos años, detrás de las palizadas, para defenderse contra los ataques de piratas
o indígenas. La valla, reforzada con barro, se fue convirtiendo en muralla, al abrigo de la cual creció la ciudad; pronto los habitantes se atrevieron a construir iglesias y palacios sobre la roca, que constituye defensa escarpada, y este perfil admirable, esa línea majestuosa, de amplio trazo, se ha conservado. Nada conozco en Sudamérica que pueda compararse con esta actitud soberbia y majestuosa con que Bahía, en el mis-mo sitio que en los días de Cabral y de Magallanes, domina su puerto y sus viejos castillos, oteando el horizonte del mar. Al subir por el camino empinado, estrecho, entre casas próximas a desmoronarse, se observa lo rica que fue esta ciudad. No ha venido a menos, no se halla en la actualidad en estado de pobreza. Sólo que no ha adelantado, y eso le confiere la hermosura característica de todas las ciudades que se han pasado soñando décadas y siglos, como Venecia, Brujas y Aix-les-Bains. Demasiado altiva para ir impetuosa con el tiempo, compitiendo con Río de Janeiro y São Paulo en levantar rascacielos; demasiado activa, por otra parte, para desmedrarse como las ciudades del oro de Minas Geraes y convertirse en museo, ella sigue siendo lo que ha sido: ciudad del Brasil de la época de los portugueses, y sólo aquí se nota el origen del Brasil y su tradición secular.
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