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Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.132

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Se vive más pacífica y, por lo tanto, más humanamente; no tan mecanizados, no tan estandarizados como en Norteamérica; no tan supersensibles y envenenados, políticamente, como en Europa. Habiendo más espacio en torno del hombre, el uno no se codea tan impacientemente con el otro. Teniendo este país un futuro, la atmósfera es más despreocupada y el individuo está menos agobiado y excitado. Es un buen país para gente de edad, que ya ha visto gran parte de este mundo y anhela ahora tranquilidad y recogimiento en un paisaje hermoso y pacífico para reflexionar y aprovechar todo lo que ha experimentado. Y es un país maravilloso para la gente joven, que desea aportar sus energías todavía no aprovechadas a un mundo no cansado hasta ahora, que aun puede adaptarse totalmente y a gusto para colaborar en su desarrollo y progreso. Pocos o ninguno de los que han llegado a ese país en los últimos decenios, procedentes de Europa, han regresado a su país de origen. Los mismos pueblos que allende el océano se combaten insensatamente han encontrado en el Brasil una patria común de paz. Y en el caso -¡tal el consuelo más feliz para muchos momentos de nuestra desesperación!- de que la civilización de nuestro mundo viejo, efectivamente, se derrumbara en esta lucha suicida, sabemos que en el Brasil se está gestando otra nueva, dispuesta a dar nueva realidad a todo lo que entre nosotros anhelaban y soñaban vanamente las más nobles generaciones espirituales: una cultura humana y pacífica.
RÍO DE JANEIRO
LA ENTRADA
Muy de madrugada, todos los pasajeros, llevando prismáticos y máquinas fotográficas, aguardan con impaciencia, agolpados a la borda; ninguno de ellos quiere dejar de ver la célebre entrada a Río de Janeiro, por más veces que la haya admirado. Pero todavía no se ve sino el brillo del mar, azul y metálico, como desde hace muchos días: monotonía sedante y que cansa. Y, sin embargo, sentimos que nos aproximamos a la costa; respiramos la tierra cercana antes de verla, pues el aire se torna de repente húmedo y suave, acariciándonos la boca y las manos, y un perfume misterioso llega hasta nosotros imperceptiblemente; perfume preparado en el fondo de la inmensa selva con el hálito de las plantas y la humedad de los cálices, esas indescriptibles exhalaciones de las regiones tropicales, cálidas, bochornosas y en fermentación, que nos embriagan y nos cansan de un modo delicioso.


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