Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.131
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Con sólo esas dos cartas, que proclamaban y defendían ante el mundo entero el espíritu humanitario de su patria, su figura se ha asegurado para siempre contra todo olvido ingrato.
Con tal que se coloquen en la balanza los números adecuados, el esfuerzo cultural del Brasil resulta hoy extraordinario. Pero sólo se calcula debidamente cuando no se fija la edad cultural de ese país en cuatrocientos cincuenta años, ni el número de sus habitantes en cincuenta millones. Porque el Brasil no cuenta desde su independencia sino poco más de cien años, exactamente ciento dieciocho años, y en cuanto a su población, de ésta sólo hay en la actualidad unos siete u ocho millones que participen de un modo práctico en las condiciones modernas de vida. De igual modo, toda comparación con Europa conduciría a nada. Europa tiene infinitamente más tradición y menos porvenir, el Brasil menos historia y más futuro; todo lo realizado es en ese país nada más que parte de lo que esta por realizarse; mucho de lo que un fondo de siglos otorga a Europa como cosa natural, debe edificarse todavía en el Brasil: los museos, las bibliotecas y la organización amplia de la instrucción pública. El joven artista, el joven escritor, el joven hombre de ciencia y el estudiante tropiezan en el Brasil con cien veces más dificultades que quienes pueden recurrir a los institutos de enseñanza mejor dotados y organizados de los Estados Unidos de América para adueñarse de una visión amplia de la respectiva materia y de conocimientos universales. En muchos casos se siente todavía cierta estrechez y, por otra parte, un distanciamiento de los esfuerzos más actuales de nuestro tiempo. Aun el Brasil no está desarrollado conforme a sus propias proporciones, aun el brasileño tendrá la sensación de que la permanencia durante un año en Norteamérica o Europa constituye el adecuado tramo último de sus estudios, y pese a todas nuestras locuras, el Brasil ha de recibir todavía impulso y aliciente de nuestro mundo viejo.
Pero, a la inversa, el europeo que llega al Brasil para permanecer allí un tiempo más o menos largo, puede aprender muchas cosas en ese país. Se encuentra en él con otra sensación del espacio, con otra sensación del tiempo. El grado de tensión de la atmósfera es menor, los hombres son más amables, los contrastes menos vehementes, la naturaleza es más próxima, el tiempo no tan saturado, las energías no están tendidas y comprometidas al extremo.
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