Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.130
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Se ensaya mucho en ese senti-do, y ya se logró también alguna obra decisiva.
Las ciencias -una materia que no puedo juzgar ni abarcar personalmente por falta de conocimientos específicos- procuraron en los últimos años un progreso asombroso en la representación histórica y económica del país. Casi todos los documentos y exposiciones anteriores del Brasil fueron obra de extranjeros. En el siglo dieciséis son el francés Thévet y el alemán Hans Staden; en el siglo diecisiete, el holandés Berleus; en el dieciocho, el italiano Antonil, y en el diecinueve, el inglés Southey, el alemán Humboldt, el francés Debret y el descendiente de alemanes Varnhagen, a quienes se deben las descripciones genuinamente clásicas de ese país. Pero en los últimos decenios se han abocado los mismos brasileños a la tarea de hacer comprensible su país y la historia del mismo en base a concienzudos estudios de las fuentes, y junto con las publicaciones muy amplias del gobierno central y de los distintos Estados, esa literatura forma ya toda una biblioteca. En la filosofía debe registrarse como fenómeno más llamativo el que el positivismo de Augusto Comte haya producido en el Brasil no sólo una escuela sino también una iglesia; buena parte de la Constitución brasileña está impregnada de las fórmulas y conceptos del filósofo francés, que en el Brasil tuvo mucha mayor influencia sobre la vida real que en su propia patria. En el campo de la técnica, por su parte, es sobre todo el aeronauta Santos Dumont, quien conquistó gloria imperecedera, gracias a su primer vuelo alrededor de la torre Eiffel y los tipos de aviones que construyó, con una osadía y energía que significaron el primer impulso decisivo para el éxito. Aun cuando se sigue discutiendo hasta la fecha sobre si fue él o si fueron los hermanos Wright quienes por primera vez realizaron el vuelo humano en un avión más pesado que el aire, esta discusión significa, en realidad, nada más que una tentativa para establecer si Santos Dumont ocupa el primerísimo o, en el peor de los casos, el segundo lugar dentro del campo de esa hazaña, la más destacada y heroica de nuestro mundo moderno, y ello ya basta para grabar su nombre por los tiempos de los tiempos en los anales de la historia. Su propia vida es de por sí una magnífica epopeya de la audacia y de la abnegación, y tan inolvidables como su hazaña técnica serán los actos de su humanitarismo, aquellas dos cartas desesperadas que dirigió a la Liga de las Naciones para que ésta prohibiera de una vez por todas el empleo de aviones para el lanzamiento de bombas y otras crueldades en la guerra.
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