Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.129
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Estrenada en 1861 en Río de Janeiro, constituye, lo mismo que la que le sigue, un gran éxito nacional. Entonces el emperador don Pedro se interesa por el músico y le envía a Europa para que perfeccione sus estudios. En Italia cae en sus manos una traducción italiana de la novela Guaranís, de su compatriota Alencar, y se apresura a llevarla a casa de su libretista para decirle que ésa era la obra mediante la cual, como brasileño, quería presentar al Brasil al mundo. En el año de 1870 estrena esa ópera en la Scala y logra un éxito sensacional. El maestro Verdi declara haber encontrado un sucesor digno y, aun en nuestros días, se representa de tarde en tarde, en los escenarios italianos, Guaranís, que un historiador de la música llamó la mejor ópera meyerbeeriana, Un típico modelo ejemplar de la gran ópera, que brinda mucho, y aun demasiado al oído y a la vista, pero no bastante al alma, melodiosa en su parte lírica, esa obra explica aún hoy el éxito y las grandes esperanzas que se cifraban en su tiempo en un posterior encumbramiento de Carlos Gomes, pero precisamente por cuadrar tan excelentemente en la pomposa época romántica de Meyerbeer, los Guaranís constituyen hoy más un documento de la historia de la música que una obra de música viva. El aporte típicamente brasileño a la música universal lo dio, no tanto el italianizante Carlos Gomes como, sobre to-do, Villalobos. Rítmico, enérgico, con marcada voluntad propia, infunde a cada una de sus obras un colorido que no se halla en ningún otro compositor, y que, con sus agudos y luego con su triunfal melancolía, refleja misteriosamente el paisaje y el alma brasileños.
Una expresión similar de lo típicamente brasileño espérase de la pintura de Portinari, el primer pintor brasileño que logró conquistar en pocos años una posición internacional. Pero, ¡cuántos colores, qué variedad, qué ingentes deberes felices esperan todavía en ese paisaje magnífico al hombre que haga conocer al mundo la naturaleza grandiosa de ese país, como Gauguin hizo conocer la de los mares del Sur y Segantini la de Suiza! ¡Qué posibilidades, qué perspectivas ábrense a la arquitectura en esas ciudades que crecen con una rapidez febril y que manifiestan cada vez más resueltamente la voluntad de formarse, no ya de acuerdo con el molde europeo ni tampoco según el ejemplo norteamericano, sino conforme a un canon propio.
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