Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.127
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Machado de Assis significa para el Brasil lo que Dickens para Inglaterra y Alfonso Daudet para Francia. Tiene el don de comprender y presentar a lo vivo los tipos vivientes que caracterizan su pueblo, su país; es un narrador nato, y una mezcolanza de fino humor y soberano escepticismo prestan a cada una de sus novelas un encanto singular. Con su Dom Casmurro, la más popular de sus obras maestras, creó una figura que es para su país tan inmortal como David Copperfield para Inglaterra y Tartarín de Tarascón para Fran-cia. Gracias a la nítidez transparente de su prosa y a su mirada clara y humana, colócase a la altura de los mejores narradores europeos de su tiempo.
En contraste con Machado de Assis, Euclides da Cunha no era escritor profesional. Su gran epopeya nacional, Los Sertões, ha nacido, por así decirlo, de una casualidad. Euclides da Cunha, ingeniero de profesión, había acompañado, como representante del diario «Estado de São Paulo», a una expedición militar contra los canudos, una secta rebelde en la región salvaje y sombría del norte. El informe relativo a esa expedición, redactado con magnífico empuje dramático, adquirió en forma de libro, ampliado, los caracteres de una exposición psicológica completa de la tierra, el pueblo y el país brasileños, como desde entonces nunca más se volvió a ensayar ni conseguir con igual profundidad ni amplitud de visión sociológica. Dentro de la literatura universal, puede comparársele acaso con los Siete pilares de la sabiduría, donde Lawrence describe la lucha en el desierto. Esta grandiosa epopeya, poco conocida en el extranjero, está predestinada a sobrevivir a un sinnúmero de libros famosos actualmente, gracias a la magnificencia dramática de su exposición, la riqueza de sus reconocimientos espirituales y el maravilloso humanismo que lo distingue del principio al fin. Aun cuando la literatura brasileña registra en sus novelistas y poetas de hoy enormes progresos en el detalle, en cuanto a la sutileza y a los matices idiomáticos, ninguna de sus obras, sin embargo, alcanzó a esa cumbre destacadísima.
El arte dramático, en cambio, está poco desarrollado todavía. No se me ha ponderado ningún drama como verdaderamente notable, y, en la vida pública y social, el arte teatral apenas si desempeña un papel importante. Este hecho en sí no llama la atención, pues el teatro, como producto típico de una sociedad uniformemente organizada, es una modalidad del arte que sólo se puede manifestar, con exclusividad, dentro de una capa determinada de la sociedad, y en el Brasil tal forma de la sociedad no ha tenido tiempo aún de desarrollarse.
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