Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.122
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Por eso, de noche, las ciudades son parecidas en ello a las de Italia o España, prácticamente ciudades de hombres. Los hombres ocupan los cafés hasta los topes, son ellos quienes pasean por los bulevares, y aun en las capitales sería cosa inimaginable que de noche una mujer
o una niña fuera el cinematógrafo sin ser acompañada por el padre o el hermano. Los movimientos de emancipación y por los derechos civiles de la mujer aun no han encontrado am
biente en el Brasil, y hasta las mujeres dedicadas a una profesión, que en comparación con las entregadas solamente a la casa y a la familia forman una minoría insignificante, conservan la reserva tradicional. Huelga decir que la posición de las muchachas es más limitada todavía. El trato amistoso con los jóvenes, aun de la índole más ingenua, no es habitual hasta ahora, a menos que vaya unido desde un principio clara-mente al propósito de formalizar un matrimonio, y no es posible traducir la palabra flirt al brasileño. Para evitar toda suerte de complicaciones, la gente suele casarse a edad extraordinariamente temprana; las niñas de los círculos burgueses, por lo común, a los diecisiete o dieciocho años, si no antes. Y, generalmente, se desea en el Brasil una pronta y numerosa descendencia, y no se la teme como en otros países. La mujer, la casa y la familia forman todavía una intima trabazón, y si no es en actos organizados con fines de beneficencia, las mujeres no ocupan en ninguna fiesta o ceremonia representativa un primer plano. Salvo el caso de la amante de don Pedro, la marquesa de Santos, nunca la mujer ha desempeñado un papel en la vida política del Brasil. Los europeos
o norteamericanos pueden tildar esa situación, jactanciosos, de anticuada, pero lo cierto es que las innumerables familias que viven en sus casitas, tranquilas, contentas y sin pretensión de destacarse, constituyen con su forma de vida sana y normal la auténtica reserva de energías de la nación. Esa clase media, que pese a su modo de vivir conservador está ansiosa de instruirse y es progresista, ese humus sólido y sano, pro-vee hoy la generación que empieza a compartir con las anti
guas familias aristocráticas la orientación de la nación, y, en cierto sentido, Vargas, oriundo del campo y de la clase media, es la expresión más evidente de esa generación nueva, de empuje fuerte y enérgico y, sin embargo, a la vez tradicional.
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