Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.119
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No está aglomerada como la masa norteamericana o europea de los desheredados en fábricas y talleres, y en verdad no puede llamársela proletaria, puesto que estos millones de hombres ocultos y dispersos por el país carecen de todo contacto entre sí. Los caboclos del Amazonas, los seringueiros de la selva, los vaqueiros de las pampas, los indios de la floresta a menudo inaccesible no están reunidos en ninguna parte en grandes poblaciones fáciles de abarcar, y el extranjero lo mismo que el brasileño de las gran-des ciudades, tiene en realidad escasa nociones de su existencia. Sólo sabe vagamente que en alguna parte existen esos millones de hombres y que tanto las necesidades como los recursos de esa masa inferior, casi íntegramente de color, corresponden al límite más bajo, casi al punto cero del nivel de vida. Desde hace siglos, las condiciones de vida de esos descendientes mezclados y remezclados de indios y esclavos no han cambiado ni mejorado, y sólo muy poco de lo alcanzado por la técnica y sus progresos ha llegado hasta ellos. La mayoría se construye su morada sin ayuda ajena, una choza o una casilla de bambú, cubierta de barro y techada con paja. Los vidrios ya constituyen un lujo; un espejo u otro mueble, aparte de la cama y la mesa, son rarezas en esas taperas del interior del país. Es verdad que no se paga alquiler por esas moradas de construcción propia; fuera de las ciudades, el suelo representa cosa tan sin valor que nadie se tomaría la molestia de exigir el pago de unos cuantos metros cuadrados. En cuanto a la vestimenta, el clima no exige más que un pantalón de algodón, una camisa y un saco. La misma naturaleza prodiga bananas, mandioca, ananás y cocos, y es fácil encontrar o criar alguna gallina, lo mismo que un cerdo. Con ello quedan satisfechas las principales necesidades del con-sumo, y sea cual fuere la faena regular o accidental que desempeñe el hombre, siempre le quedará algo para cigarrillos y las demás necesidades pequeñas -en verdad mínimas- de su existencia. Hace tiempo que las capas superiores saben que las condiciones de vida de esa clase inferior, sobre todo en el norte, no condicen ya con nuestro tiempo y que la pobreza verdaderamente endémica de regiones enteras debilita a la población, a consecuencia de la deficiente alimentación, y la torna incapaz para realizar un trabajo normal.
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